Sebastián Da Silva
Ni bien salimos del asombro por el proceder gubernamental en el tema de la ley de caducidad, el gobierno arremete con una nueva equivocación. Filtra en la prensa la absurda medida de gravar al sector agropecuario, dejando en evidencia a medio gabinete y a toda su bancada parlamentaria.
De más esta decir nuestra posición sobre incrementar la carga a la locomotora del país. El que esté relacionado al sector sabe perfectamente que los números finales y la utilidad agropecuaria son infinitamente menores de los que piensan algunos tecnócratas detrás de sus escritorios. Saben el impacto de la alta inflación en dólares, del aumento de costos laborales, y de que a mayores precios, mayores costos en los insumos. El problema de infraestructura existe, es lamentable el estado de las rutas nacionales, pero nadie puede endilgarle al sector su culpa por ser eficientes. Este gobierno tiene el mayor presupuesto de la historia del Uruguay, y una ley inimaginable en tiempos del Frente en la oposición, que permite rápidamente ir solucionando estos aspectos en la participación público privada. El problema de fondo no es que los frentistas aumenten impuestos al campo, esto era algo previsible -para la izquierda el campo fue siempre un territorio hostil al que sistemáticamente estigmatizan. Lo peor es hacer este daño al clima de inversiones sin beneficio tangible.
Por lo que se puede descodificar de este fárrago de opiniones de este gobierno en asamblea cuatro cosas. La primera, demuestra la obsesión tributaria que tiene. Para ellos es lo mismo tener 2000 hectáreas en Sepultura, Salto, que en Valle de Soba, Río Negro, cuando las rentabilidades tienen diferencias astronómicas. Otro error garrafal es pensar que con 60 millones de dólares pueden cambiar el estado de las carreteras: si fuera así, el Ministro de Transporte debería de renunciar inmediatamente. Su presupuesto es bastante mayor. Tercero, genera un daño colateral al enfrentar gratuitamente a la gente del campo con la ciudad: todos los montevideanos a partir de las barbaridades que se dicen deben de pensar que el sector agropecuario está en el mejor de los mundos, que al oponerse al gravamen son egoístas.
Por último, y no por ello menos preocupante, la metodología: con tal de salir del entrevero de la ley de caducidad se tira un globo sonda distractivo. Si fuera coordinado sería una estrategia no compartible, pero válida. Enterar al Ministro del ramo de tamaña propuesta por "Búsqueda", corroe su autoridad, su especialización y su coherencia, a horas de su comparecencia en el congreso de la Federación Rural, y lo que es peor para el sector, sus ganas de permanecer en el cargo.
En síntesis, lamentablemente vamos confirmando nuestros vaticinios: el Gobierno de Mujica tiene sus mismas ambivalencias, la incoheren-cia es algo metódico y las diferencias internas hacen añi- cos la propia gobernabilidad. Por desgracia, con la consecuente pérdida de tiempo que esto implica, que obstaculiza que el país en su conjunto aproveche esta bonanza internacional que se da cada cincuenta años. En fin, es el gobierno que nos merecemos los uruguayos.