La discreta diseñadora de Catherine

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JUAN LUIS SALINAS | EL MERCURIO/GDA

Hace un año, Sarah Burton asumió la dirección creativa de la firma Alexander McQueen. Las dudas sobre su capacidad para tomar el legado del creador más arriesgado y vanguardista de las últimas décadas no se hicieron esperar. Ahora, luego de dos colecciones aclamadas por la crítica y de crear el vestido de novia de Catherine Middleton, Sarah es la consentida de la moda internacional.

El rumor comenzó a correr en enero, pero la misma Sarah Burton se encargó de negarlo de todas las formas posibles. Primero no contestó preguntas, luego desapareció estratégicamente y finalmente, en una entrevista para la edición británica de Vogue, mintió. Dijo que no tenía idea de quién estaba diseñando el vestido de novia de Kate Middleton y que todo el equipo de Alexander McQueen -casa de modas que dirige desde el año pasado- estaba concentrado en la preparación de su colección otoño-invierno 2012 que mostraría en marzo en París. Eso fue todo. Sarah no abrió la boca. Ni siquiera cuando, semanas antes del matrimonio real, "una fuente cercana" a su equipo de diseño comentó a un sitio de moda británico que un sector del centro de operaciones de la marca había sido acordonado y estaba bajo vigilancia constante. Ahí, aseguraba el empleado de la marca, estaban confeccionando el vestido. La información fue negada por el conglomerado Gucci -mayor accionista de la etiqueta-, que aseguró que sólo se estaban haciendo reparaciones.

La discreción de Sarah Burton sólo aumentó la incertidumbre. Especialmente porque el resto de los creadores ingleses que supuestamente habían recibido el encargo real tampoco entregaron mayores pistas.

La legendaria Vivienne Westwood -famosa por su afición a cualquier detalle anglo: desde lo punk a lo victoriano- ni siquiera atendió las consultas periodísticas. De Temperley London -etiqueta de Alice Temperley que combina lo burgués y lo hippie- sólo se supo que la madre y hermana de Kate fueron vistas en la tienda probándose ropa. En el taller de Philippa Lepley -una de las más lujosas diseñadoras de novias de Inglaterra- jugaron al enigma. Y Bruce Olfield -uno de los favoritos de la Princesa Diana- aseguró no saber nada del asunto.

Las dudas se despejaron el 29 de abril a las once de la mañana cuando Kate -Catherine para la casa real- Middleton bajó del Rolls Royce Phantom y se encaminó a la Abadía de Westminster. Sólo entonces se anunció que el vestido de silueta simple pero confección sofisticada -color marfil, con cuello en "v", una cola de casi tres metros de largo y encajes elaborados a mano- había sido creado en los talleres de Alexander McQueen, bajo la dirección creativa de la inexpugnable Sarah Burton. Ella fue el cerebro tras el diseño de corte ajustado, ceñidas caderas, mangas largas, 58 botones de tul de parte trasera y blusa esculpida en encaje "Cluny" fabricado por la Real Escuela de Costura en Hampton Court Palace (cuyos trabajadores se lavaban las manos cada treinta minutos para mantener el encaje e hilos impecables, y las agujas se cambiaban cada tres horas para mantenerlas con punta y limpias).

PACTO DE SILENCIO. El diseño -que será replicado en todo el mundo tal como sucedió con el que David y Elizabeth Emmanuel diseñaron para la princesa Diana en 1981- no sólo estableció en el Olimpo de la costura internacional a la entonces semidesconocida Sarah Burton, también probó su lealtad al no romper el pacto de silencio que le había prometido a la actual duquesa de Cambridge. Un acuerdo que mantuvo incluso el mismo día de la boda real. Luego de que su creación se hiciera pública, la diseñadora emitió un escueto comunicado en el que declaró: "Trabajar con Catherine en la creación de su vestido de boda fue la experiencia de mi vida, y lo he disfrutado cada momento".

Solo el martes pasado Burton rompió el silencio. En un evento en la tienda neoyorquina de Alexander McQueen -ubicada en la Quinta Avenida- la creadora confesó que Kate Middleton es "una de las mujeres más adorables que he conocido".

Según informa el "Women`s Wear Daily", Burton contó que fue el palacio de Buckingham el que la contactó y que el diseño fue una colaboración "50-50" entre ella y Middleton. Según "Page Six", la sección de chismes de "New York Post", la diseñadora comentó que se divirtió mucho con el secretismo que rodeó la creación del vestido de novia y que incluso debió disfrazarse para no ser reconocida durante sus visitas al Goring Hotel, donde se hospedaba la entonces prometida del Príncipe Guillermo de Inglaterra.

Más allá del anecdotario y la popularidad internacional que le ha reportado su trabajo para la corona británica, lo más destacado por la prensa especializada ha sido su capacidad para reinterpretar con maestría y una visión más realista el legado de Alexander McQueen, quien se suicidó en febrero de 2010 y es considerado como uno de los creadores más vanguardistas y exquisitos de las últimas décadas. Un creador que fue condecorado por la corona británica por su aporte a las artes, que revolucionó la estructura de los desfiles de moda y que actualmente está siendo homenajeado en el Metropolitan Museum`s Costume Institute con "Beauty Savage", una de las mayores y más atrevidas retrospectivas de moda de las que se tenga memoria.

¿Sarah quién?, preguntaron los periodistas

"¿Sarah quién?", fue la pregun-ta que se repitió en la redacción de las principales revistas de moda, cuando a mediados del año pasado se anunció que la diseñadora asumiría oficialmente la dirección creativa de las colecciones de Alexander McQueen. Una marca que estuvo en un angustioso compás de espera luego de la muerte del hombre que la posicionó en el tope del listado de las marcas más respetadas y apetecidas de los conocedores y consumidores de tendencias. De hecho, durante unos meses, la conjetura más sólida era que el grupo Gucci había contemplado cerrarla ante la falta de un creativo que fuera capaz de mantener y entender su legado.

Pero apareció Sarah Burton. O, mejor dicho, los ejecutivos de la marca repararon en la existencia de esta mujer de 36 años que durante casi 15 de ellos fue la mano derecha y la protegida de Alexander McQueen.

Sarah Burton aún cursaba su último año en la escuela de diseño Central Saint Martins, de Londres, una de las más prestigiosas del mundo, cuando comenzó a trabajar con McQueen, en 1996. Llegó ahí para realizar su práctica profesional. Se lo aconsejó Simon Ungless, uno de sus profesores, amigo íntimo de McQueen, quien le dijo que en su taller podía ampliar su creatividad. Sarah se presentó en el pequeño estudio del diseñador, que entonces estaba ubicado en Hoxton Square en el East End de Londres, donde McQueen también tenía su casa. Entonces ya se lo vaticinaba como el futuro genio de la britfash (moda británica).

"Al principio, su estudio ni siquiera tenía calefacción", dijo Burton a The Guardian, en una entrevista en la que también comentó que, durante su primer encuentro, McQueen le preguntó muchas cosas técnicas y otras al borde de lo insólito como si creía en los ovnis.

Perfil

Nombre: Sarah Burton

Nació: Manchester

Edad:36 años

Otros datos: Casada con un fotógrafo, sin hijos

La heredera de mcqueen

Luego de terminar su período como becaria y egresar de Central Saint Martins, en 1997 Burton se unió oficialmente a McQueen. Su trabajo consistió en coordinar las áreas de diseño y en 2000 fue nombrada jefa de colección femenina. Así se convirtió en la contraparte creativa de McQueen, la persona más cercana a su forma de entender y recrear la moda, la que aterrizaba sus locuras.

A diferencia de McQueen, famoso por sus escapadas nocturnas y sus apariciones en grandes eventos, Sarah se mantuvo como una sombra. Al enterarse de su nombramiento, fiel a su costumbre de mantener silencio y bajo perfil, únicamente declaró: "La modernidad y la belleza artesanal de las piezas era el corazón de la visión de Lee (como llamaban a McQueen) sobre la moda. Yo voy a intentar mantenerme fiel a su legado".

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