25 de mayo

Antonio Mercader

Aunque el gobierno del Frente Amplio desechó la fecha como punto de partida de las celebraciones del bicentenario, no hay duda que el 25 de mayo de 1810 fue decisivo en el proceso independentista de Uruguay. Basta analizar sin prejuicios la historia nacional para advertir la importancia del movimiento gestado en la entonces capital virreinal y su influencia en los episodios posteriores en la Banda Oriental.

Sin embargo, un nacionalismo malentendido impulsó a ciertos políticos y a más de un historiador a rebajar entre nosotros la trascendencia de la fecha que hoy se conmemora en Argentina. Son quienes creen que la singularidad uruguaya reluce sólo si se opaca al país vecino, o peor aún, si se lo hostiliza a través de un artificioso relato histórico.

Eso es lo que pretenden algunos textos en donde nuestros escolares aprenden que las primeras ideas de crear una patria de este lado del río se incubaron a raíz de la guerra de los puertos (al principio: "guerra de las farolas") de Montevideo y Buenos Aires. Luego viene la serie de lugares comunes: de la maldad pertinaz del Directorio porteño y el intrigante Sarratea a un largo etcétera que llega hasta nuestros días.

Esa cronología de la perfidia ajena, toma distancia de los hechos históricos e ignora que el sol del 25, presente en nuestra bandera, alumbró este suelo desde que se creó en Buenos Aires la primera Junta de Gobierno independiente del poder colonial.

La prédica libertaria de hombres como Mariano Moreno traspuso el Plata y la revolución oriental -vislumbrada en Montevideo desde aquel cabildo abierto del 21 de septiembre de 1808- se tornó inevitable.

Ante tanta evidencia de que nuestro proceso emancipador es hijo del movimiento de mayo cabe presumir que la negación de la relevancia de la fecha de hoy debe ser otro fruto de un malentendido de vieja data, heredero del antiguo temor al centralismo porteño. Sobre ese peligro alertaba Artigas en las Instrucciones del Año XIII cuando delineaba una confederación cuya capital no debía ser Buenos Aires en ningún caso.

Pero hoy es un malentendido difícil de explicar porque no existe un pueblo sobre la Tierra más parecido al nuestro que el argentino. Y aunque nos cueste admitirlo, tampoco hay una cultura, en el sentido amplio de la palabra, que nos influya más que la argentina. A pesar de ello, nos habituamos a mirar hacia el otro lado del río con recelo, en particular a Buenos Aires, lugar de donde provienen muchas de las modas buenas y malas que terminamos por adoptar.

Lo curioso del caso es que no se trata de un sentimiento bidireccional porque los argentinos no acostumbran pagarnos con la misma moneda. Al contrario, la condición de uruguayo suele ser un punto a favor en Argentina como lo prueba la inserción de tantos emigrados compatriotas en ese país a lo largo del siglo XX. Una estima por nosotros que la expresó como nadie el máximo escritor argentino, Jorge Luis Borges.

Por todo eso, aunque otros discrepen conmigo, siento que por su significado histórico y por múltiples razones, la fecha que hoy celebran los argentinos también es nuestra.

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