CANNES | ANSA-AP
La segunda jornada del Festival de Cannes presentó en concurso a dos mujeres, con una intrigante ópera prima de la australiana Julia Leigh, "Sleeping Beauty", y la angustiante "We Need to Talk About Kevin", de la escocesa Lynne Ramsay.
Dos adolescentes son motores de la acción en ambos casos, la "bella durmiente" del primer título, que se ofrece a caballeros ancianos dignos de la imaginación del Marqués de Sade, y un joven en conflicto con su madre que provoca una matanza en la escuela que frecuenta.
Lucy (Emily Browning) es una adolescentes que divide su tiempo entre los estudios y diferentes trabajos que emprende para sustentarse. La muchacha finalmente acepta un empleo que bordea la prostitución, pues consiste en dejar que señores ancianos hagan juegos eróticos con ella dormida.
El film, inspirado de manera lejana en Memorias de mis putas tristes, el último libro del escritor colombiano Gabriel García Márquez, despliega un erotismo elegante que mantiene en vilo el interés del espectador y demuestra que la novel directora, autora de cuatro novelas traducidas a siete idiomas, es capaz de dominar tanto las imágenes como las palabras.
Emily Browning aporta al filme una sensualidad semiperversa, que seduce tanto al público como a los demás personajes. La productora es Jane Campion, adalid del cine femenino australiano.
We Need to Talk About Kevin narra la difícil relación que se establece entre una madre y un hijo desde los primeros meses de vida de éste y el modo con que 16 años más tarde el joven completa su venganza. Inspirado en una novela de Lionel Shriver, adaptado por la directora en colaboración con Rory Stewart Kinnear, el film se presenta como un rompecabezas en el que poco a poco el espectador empieza a desenredar los hilos de la trama.
Una impecable Tilda Swinton luce una extraordinaria variedad de aspectos físicos para acompañar los 16 años de la historia.
El film describe el dilema de una madre, tironeada entre el amor y el hastío que le provoca un hijo no querido y la conciencia de ser ella misma la responsable parcial de la tragedia.
John C. Reilly saca el mayor partido posible de un papel casi secundario como el del padre, que ignora deliberadamente el conflicto que afrontan madre e hijo. Por su parte, el joven Ezra Miller es una revelación como el adolescente que, para quedarse solo con su madre, elimina en un solo golpe marido, hija, amigos y trabajo.
REPERCUSIÓN. Todos en Cannes quedaron hablando sobre la película de Ramsay, y a la directora no le sorprende la fuerte reacción que ha provocado. Después de todo, se trata de un adolescente que comete una masacre en una escuela y el intenso sufrimiento de su madre. Algunos la llaman desgarradora, o cruda, o poética. Pero Ramsay no entiende por qué alguien podría describirla como violenta. Lo considera como "un film de terror psicológico". Como en las mejores películas de suspenso, el terror está en nuestra mente. "No hay violencia", dijo Ramsay a reporteros luego de la primera proyección del film ayer. "Sólo ves las consecuencias. Cualquier película de Hollywood es más violenta que ésta``.
Ramsay también se cuida de las comparaciones con otras películas sobre violencia juvenil, como Elephant, obra de Gus van Sant inspirada en la masacre en la secundaria Columbine, en Colorado, Estados Unidos, que se llevó la Palma de Oro, el máximo premio de Cannes, en el 2003.
Una grata sorpresa brasileña
Brasil se hizo presente en Cannes con el film "Trabalhar cansa", primer y sorprendente largometraje de Marco Dutra y Juliana Rojas, proyectado ayer en Una Cierta Mirada, una de las dos secciones oficiales de la mayor muestra de cine mundial. Los realizadores, que estuvieron en Cannes en 2004 y 2007, con dos cortometrajes, regresan ahora con un film que comienza contando una historia del mundo del trabajo y se convierte paulatinamente en una historia de terror, que dejó a la sala sin aliento. Producida por dos brasileñas, Sara Silveira y María Ionescu, la película cuenta la historia de Helena, una mujer de clase media en Sao Paulo, que realiza un viejo sueño, el de abrir un pequeño comercio de víveres, para lo que alquila un local abandonado. Ese logro -que coincide con la pérdida de empleo de su marido, lo que fragiliza a la familia- da paso a una historia en la que se mezcla de manera sutil lo fantástico y el horror.