El clásico dejó 11 detenidos y una agresión al auto del jugador de Peñarol, Jonathan Urretaviscaya, informó ayer la Policía. Estos hechos contrastaron con la calma de la jornada, marcada por un fuerte dispositivo policial en el estadio y alrededores.
Sobre las 20 de ayer, dos horas y media después de terminado el partido, se produjo la agresión a la camioneta del futbolista de Peñarol, Jonathan Urretaviscaya, informaron a El País fuentes policiales.
El vehículo fue alcanzado por un cóctel molotov, mientras se encontraba estacionado en Instrucciones y Propios, dirección del domicilio de los padres del jugador.
La Policía aclaró que al momento de la agresión, no había pasajeros en la camioneta, y que el proyectil provocó daños parciales en el vehículo.
Este episodio contrastó con la tranquilidad con que transcurrió la jornada clásica. Al final del partido, los parciales de Nacional y Peñarol se retiraron en calma del estadio.
Sobre las 15.30, horario de inicio del clásico, había cuatro detenidos, cifra que se elevó a 11 (diez mayores y un menor), sobre las 19.30.
Dos de los mayores de edad fueron detenidos por reventa de entradas y otro por estupefacientes, mientras que el resto de los casos se debió a incidentes menores, informó a El País Juan Carlos Duré, vocero de Jefatura de Policía.
Si bien la evaluación final del operativo policial se realizará en esta jornada, el balance inicial fue "exitoso", comentó el funcionario.
Empero, el director de Seguridad de la Jefatura de Policía de Montevideo, Miguel Iraola, consideró "extraño" el bajo número de detenidos y la ausencia de disturbios.
El funcionario dijo que las autoridades se mantendrían "atenta" a eventuales disturbios en barrios o zonas alejadas al Estadio y sus alrededores, donde estaba concentrada la mayor parte del personal policial destinado al operativo (unos 900 efectivos).
Controles. Desde media mañana, las fuerzas policiales iniciaron el despliegue del operativo de seguridad que se intensificó a medida que la hora del partido se acercaba.
En el perímetro del Centenario se instaló un vallado, en el que estaban apostados algunos agentes y policías de tránsito. Por los alrededores se podía ver la recorrida de los coraceros, los policías en motos, los patrulleros y algunos efectivos acompañados por perros.
La euforia de los hinchas se sostenía hasta que se encontraban con los puestos de control ubicados en las puertas de ingreso al estadio. Allí, tres o cuatro policías realizaban los cacheos y aplicaban a los parciales los controles de rigor en las mochilas y carteras. La tarea era complementada por el examen de alcoholemia a cargo de la Policía de Tránsito.
En la fila de la tribuna Colombes, donde concurrió la parcialidad de Nacional, se podía ver personal del club ayudando a ordenar al público.
Sobre las 15.10, a falta de 20 minutos para el partido, el movimiento había decaído, pese a la llegada de último momento de unos pocos rezagados.