Javier García
Se necesitaron varios años y escuchar muchas calumnias para llegar a este reconocimiento, pero la razón y la justicia se abrieron paso. Muchos que hicieron de la mentira y la infamia su arma política y que a falta de estatura recorrieron el barro, hoy se inclinan ante la evidencia histórica: Wilson vio lo que otros tardaron cuarto de siglo en entender, es mucho tiempo, pero necesario para que la indecencia se rinda.
El presidente Mujica, que fue a no olvidar, uno los que practicó la infamia y el agravio, les dijo a sus diputados que es una "visión reaccionaria" la que sostiene que "todos aquellos que no acompañaron a lo largo de los años a los plebiscitos están avalando la impunidad" porque, según relata Búsqueda, "eso no es así". Eso nunca fue así, decimos nosotros, esa fue la espada del desprestigio que quiso herir a quienes como Wilson dieron su vida, literalmente, por la unidad nacional y tuvieron la virtud de verlo y de entender su necesidad en el siglo XX, cuando otros tuvieron que esperar once años del siglo XXI para darse cuenta.
Soportamos que se nos dijera que éramos encubridores de criminales y torturadores y que defendíamos un sistema que absolvía la barbarie. Hoy los presos que hay por violar los derechos humanos son los que están por la ley que Wilson impulsó y que la gente libremente respaldó en dos instancias. No fuimos antes y no somos ahora, como tarde pero al fin reconoce el presidente, impulsores de ninguna impunidad. Es más, mientras el presidente y sus compañeros empiezan a comprender el valor de la unidad nacional y la necesidad de abrazar valores que nos identifican y superar lo que nos divide, durante cuarto de siglo Wilson sufrió el ataque, en vida y también sin ella. Es que la miseria humana es así.
Lo reaccionario es esto de hoy de creerse desde el oficialismo con derecho a enmen-dar la plana al pueblo, que unos pocos piensen que entienden lo que la inmensa mayoría del pueblo no aprecia, el discurso ese de Vázquez de una soberbia inmedible que no solo llama a desconocer los pronunciamientos po-pulares, sino además hacerlo de una manera que los especialistas en semiótica se ha-rían un picnic: citando a Benedicto XVI, es decir poniéndose él en lo que seguramente se cree, el Papa. Vaya soberbia autoritaria.
Ahora Astori descubre que la ley, que él votó calladito la boca, viola la voluntad popular y Mujica se alarma y reacciona cuando fue su Canciller quien redactó y defendió esta ley "interpretativa", y nunca le dijo a éste que no estaba de acuerdo, vamos, ¡por favor!
El presidente es responsable principal de este adefesio. No es verdad señor presidente que usted no tiene nada que ver, que lo haya entendido ahora no quiere decir que no tenga responsabilidad por esta situación donde el país se indigna ante la amenaza de que su partido se ría de la voluntad popular.
Buena cosa es que se frene este atropello, y si se llegara a concretar, su obligación constitucional y política es vetar, si cree que es importante que alguien crea en el futuro en su palabra. También lo sería que pidieran perdón a Wilson, aunque eso solo lo hacen los grandes.