GUSTAVO PENADÉS
A nadie puede escapar que el Partido Nacional, durante la dictadura, a la salida de ella y en el proceso de reinstitucionalización democrática, pagó un precio político, como sin lugar a dudas ninguno de los otros Partidos del Uruguay tuvo que hacerlo.
En primer lugar, a nadie pueden caber dudas de que Wilson Ferreira Aldunate hubiera sido el Presidente de la República, de no haber mediado el golpe de estado del `73.
En segundo término, de no haber mediado el Pacto del Club Naval y la consecuente proscripción y prisión de Wilson en el `84, de nuevo era quien tenía mejores posibilidades de ser Presidente electo ese año.
Por último, nadie más que Wilson entregó su dolor, su angustia y su sacrificio hasta la muerte, anteponiendo a sus legítimas y fundadas aspiraciones políticas, el valor de los destinos de una Patria Libre, en Paz y con Fraternidad.
Nadie puede dudar que el Partido Nacional, liderado por Wilson, estuvo siempre en contra de la dictadura, de la violencia que la precedió y de las decisiones adoptadas de espaldas a la nación y al pueblo.
Esto es lo que proclamó en su discurso final en el Senado la madrugada del 27 de junio de 1973, en una pieza oratoria que deberá ser recordada porque creo que define clarísimamente la posición nacionalista con respecto a aquellos tiempos.
Durante esos mismos tiempos, en el Frente Amplio hubo adhesiones a los Comunicados 4 y 7 de los mandos militares en febrero de ese año 1973, con los que se inició verdaderamente la dictadura; luego hubo pacto con los dictadores, violando la promesa de "Elecciones sin presos ni proscriptos", que se hizo en el Obelisco en el `83, y, por fin y hasta ahora, hubo "lavada de manos" frente a responsabilidades pactistas, acusaciones de impunidad e infame uso político de la muerte, la desaparición y la tortura.
El martes 12 de abril pasado, en el Senado de la República, se vivió otro capítulo de esta historia sin par de falsedades, infamias, hipocresía política y totalitarismo.
Y se cerró la saga de la Ley de Caducidad, que, lejos de haber establecido impunidad alguna, bien que le sirvió al Presidente Vázquez para procesar y encarcelar a los principales responsables de las peores violaciones del orden institucional y los derechos humanos.
Por respeto a Wilson, a su persona, a su lucha libertaria, a su entrega generosa y a su grandeza, estamos obligados a denunciar esas hipocresías, esas maldades, esas pequeñeces y esas traiciones.
Por respeto a Wilson, estamos obligados a dar dura batalla a ese nuevo totalitarismo que se encarama en la cima del poder frentista anunciando que a las mayorías se les debe respetar sólo cuando sus pronunciamientos les son favorables.
Por respeto a Wilson y a las mejores tradiciones del Partido Nacional, nos tendrán siempre en defensa de la Libertad, la Justicia, la Fraternidad y el Estado de Derecho Democrático y Republicano.