MATÍAS CASTRO
En más de una oportunidad hablé sobre la habilidad de Claudia Fernández a la hora de controlar la información que sale sobre ella en los medios de comunicación. Uno de los factores clave para su crecimiento en el mundo del es- pectáculo argentino y ante el público estuvo siempre fuera de lo obvio. Tan importante como su cuerpo y su carácter ante cámaras fue su inteligencia o intuición para saber qué decir y cómo decirlo, sin necesidad de pasarse de rosca ni depender totalmente de los escándalos mediáticos.
Pero esta columna no es sobre Claudia Fernández, aunque su primer tercio haya sido sobre ella. Podría ser sobre Catherine Zeta-Jones, pero, en realidad, es sobre un tema que puede ser aburrido para quien busque solamente chismes: la comunicación de la farándula.
La actriz galesa dio esta semana una muestra de inteligencia en este sentido. Al igual que Claudia Fernández buscó controlar lo que los medios decían y rumoreaban sobre ella, aunque el perfil de ambas no tenga nada que ver. Zeta-Jones, o su representante, dijo en público que sufrió de un trastorno bipolar y que tuvo que ser internada hace unos meses por ello. Lejos de tener un impacto negativo, al tratarse de una diva que confiesa una debilidad bastante compleja, la recepción de la noticia fue muy buena. Médicos especializados en este tipo de trastornos en Estados Unidos tomaron muy bien la confesión ya que consideraron que ayuda a que se eliminen los estigmas sobre esos males.
La movida pública de Zeta-Jones fue bastante arriesgada, honesta y valiente (¿cuántos de nosotros nos animaríamos o nos interesaríamos en decir algo así a todo el mundo si tuviéramos la oportunidad?). Por eso sorprendió. Fue una cuestión de tomar el toro por las guampas y hablar antes de que hablen los demás.
Cosas así exigen cierta planificación y conocimiento del medio del espectáculo. Pero cuando se manejan bien, como se ve, el resultado puede ser muy bueno.