REBAR
Ustedes sabrán perdonar que yo insista con los prolegómenos de la boda Guillermo vs. Kate. También, con la tradicional tolerancia que los distingue, me disculparán por señalar, orgullosamente, la capacidad de información que demuestran mis enviados especiales a Londres, para interiorizarse de los mil aspectos que rodean al gran acontecimiento monárquico: no se pierden una. Así nos hacen saber que los lectores, radioescuchas y televidentes británicos, han expresado que están hartos de que la instancia nupcial que se avecina dispute con espacios importantes como el tsunami y la crisis mundial de Japón, las revueltas en los países árabes, y los problemas caseros de todo tipo que complican el diario vivir de los ingleses.
Aún así, muchos de ellos terminarán por reconocer que el matrimonio a fundarse el próximo 29 de abril, tiene una incidencia beneficiosa en varios sectores de la economía del Reino Unido. Se ha desatado una verdadera pandemia de ideas en venta por parte de firmas de todo tamaño, decididas a aprovechar la coyuntura para poblar la plaza comercial con artículos más o menos emparentados con el enlace. Van ejemplos: las agencias de viaje y los hoteles combinan sus respectivos servicios para ofrecerlo al turista, la oportunidad de ver pasar a los novios en el clásico recorrido de la Abadía de Westminster hasta el Palacio de Buckingham: para lo mismo, se alquilan balcones de estratégica ubicación. Una cadena de supermercados -la mayor de todas- lanzó una novedad que alborotó al género femenino: una réplica del vestido azul que lucía Kate cuando anunció su compromiso matrimonial con "Willy"; por un equivalente a 26 dólares, cualquier jovencita puede adquirirlo antes de que se agote, y salir a la pesca de algún miembro de la realeza europea que ande vagabundeando por Picadilly; y otro suceso de venta relámpago, ha sido el anillo que, en buena imitación, se acerca al que Guillermo regaló a su prometida al fijar fecha de casamiento.
No les digo cómo están preparándose menús especiales para disfrutar en el hogar, mientras la parejita se muestra por la BBC en esplendor de felicidad, e incalculables millones gozan del asueto pago dispuesto para el último viernes de abril. Pero, lo más pintoresco resulta ser la organización de apuestas que varían respecto del futuro de G. y K., e incluyen: el largo del vestido nupcial (¿con esponsor en la cola?); el lugar de la luna de miel; la fecha del nacimiento del primer hijo... y hasta la del divorcio.
Desde jarrones para té, tazas y platos, sonríen los novios... pero el gesto queda prontamente eclipsado por el afán de acertar con el color del sombrero que se calzará (aun con viento en contra) la reina. La mayoría parecería inclinarse por el rojo Manchester United, realzado con adornos tan cautivantes como un racimo de uvas, un tomo de "Romeo y Julieta" autografiado por Shakespeare, un retrato en que aparece su abuelo -Jorge V- sorprendido en el momento de retocarse el bigote... y dos corazones atravesados por sendas flechas, atentado amoroso que siempre se le atribuyó a Cupido".