La presidenta de Brasil, Dilma Rousseff, cumple mañana sus primeros 100 días de gobierno, con la marca del continuismo de su jefe político y antecesor, Luiz Lula da Silva, pero con un estilo propio y grandes desafíos como la inflación, la lucha contra la miseria y la investigación de los crímenes de la dictadura.
"No hay que evaluarla por los primeros cien días sino al final de sus cuatro años", avisó Lula, quien el 1 de enero le traspasó el mando a su creación política y su ex jefa de ministros.
"Con Lula uno se hacía amigo de toda la vida en cinco minutos, Dilma es más distante", dijo un empresario luego de haber visitado a la presidenta Rousseff en el Palacio del Planalto, rebatiendo el discurso opositor en la campaña de que iba a ser una ´marioneta" del ex sindicalista.
El estilo de gerente "dura" fue apaciguado por el día a día y dos tragedias históricas: el temporal y alud del 11 de enero en la sierra de Rio de Janeiro, con 921 muertos, y, el jueves, con la masacre de 12 niños por parte un tirador que entró en una escuela carioca.
Rousseff lloró en su discurso al recordar el jueves a los "brasileñitos que se fueron tan rápido de la vida". Fue uno de los momentos sensibles de su gestión, pero en el aspecto político una decisión en política exterior desvió el rumbo trazado por Lula.
Fue cuando Brasil en marzo quebró la tradición abstencionista de Lula y votó a favor de un relator de derechos humanos en Irán, acompañando a Estados Unidos, lo que le valió criticas del ex canciller Celso Amorim.
En viaje hacia China, principal socio comercial brasileño, adonde llega el lunes, Rousseff debe también imprimir la marca que quiere dejarle a su gobierno: los derechos humanos en el tope de la agenda.
Ex guerrillera, presa política y torturada por la dictadura (1964-1985) Rousseff logró que por primera vez en la historia el ejército retirara de sus fechas conmemorativas el 31 de marzo, día del golpe militar.
Pero además le dio impulso a la creación en el Congreso de la Comisión de la Verdad, para investigar los crímenes de la dictadura, impedidos de ser juzgados por la ley de Amnistía que el régimen autoproclamó en 1979.
Sus compañeras de prisión en la asunción del cargo, invitadas de honor, fueron un símbolo del nuevo rumbo de Rousseff en materia de derechos humanos.
En el plano internacional, Rousseff hizo su primer viaje a Argentina, principal socio dentro del Mercosur, y recibió en marzo al presidente estadounidense, Barack Obama, que elogió la lucha de Rousseff pero el brillo de la visita se opacó porque el jefe de la Casa Blanca autorizó el ataque contra Libia desde Brasilia.
ANSA