Cancha flechada

Antonio Mercader

Aciertos escritores e intelectuales de izquierda les duele Mario Vargas Llosa. Les duele su premio Nobel de Literatura y se resisten a que sea declarado ciudadano ilustre de Montevideo como ocurrirá la semana próxima cuando vuelva a visitarnos. Apenas se les pregunta qué opinan de él, sacan a relucir los temas políticos cosa que no hicieron ni hacen cuando se trata de otros premios Nobel literarios.

Por ejemplo, cuando vino el portugués Saramago, otro laureado por la academia sueca, no recuerdo que le mentaran su condición de comunista ortodoxo, esa que lo llevó a glorificar los logros de la Unión Soviética. Cuando García Márquez ganó el Nobel nuestros cenáculos culturales le cantaron loas, pero se cuidaron de mencionar -y sobre todo de criticar- el apoyo que el escritor colombiano le brindó y le brinda a la dictadura cubana.

El uso de antiparras políticas para juzgar a los escritores no es una costumbre nueva. Jaime Roos contaba que décadas atrás no le era fácil declararse admirador de Jorge Luis Borges en el ambiente intelectual uruguayo. Nuestra capilla literaria hacía cuestión en la condición de conservador del autor "El Aleph", un "pecado" capaz de opacar los méritos de su obra. Esa vara política cambia de sentido cuando se trata de medir a escritores afines a la izquierda, a veces endiosados y no precisamente por sus virtudes artísticas.

En suma, la cancha está flechada.

Por eso, es posible que la vuelta de Vargas Llosa recree las ridículas discusiones de hace varias semanas cuando algunos de sus colegas uruguayos embadurnaron de política sus opiniones sobre el visitante.

Pueden hacerlo, para eso está la libertad de expresión. Es distinto cuando los opinantes ocupan cargos de gobierno que les imponen ciertas obligaciones y les obligan a tener un mínimo recato en sus dichos.

Es el caso del director de la Biblioteca Nacional, Carlos Liscano, quien hizo lo que no debe hacerse cuando se inviste una representación cultural a nivel oficial.

Liscano comparó a Vargas Llosa con una suerte de empresa de publicar libros, lo que equivale a calificarlo -o mejor dicho, descalificarlo- como mero productor de best-sellers. Por si no bastara, agregó que el flamante Nobel no escribió "últimamente" nada que valga la pena.

Es obvio que la política le importa mucho a Liscano, militante de izquierda, novelista y autor, entre otras cosas, de un libro sobre Tabaré Vázquez publicado durante la campaña electoral que lo llevó a la Presidencia. Tanto le pesa la política que no logra disimular su inquina ante quien piensa de una forma distinta a la suya.

Su desdeñoso mensaje sobre Vargas Llosa es indigno de un responsable de la Biblioteca Nacional, una institución destinada a sembrar la devoción por la escritura y el respeto a los buenos escritores.

Además, parecería que Liscano opina sin haber leído los últimos libros del peruano, entre ellos el brillante estudio que dedicó al más grande de nuestros escritores contemporáneos: "El viaje a la ficción. El mundo de Juan Carlos Onetti". ¿Tampoco ese vale la pena?

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