TRÍPOLI | AFP
El sitio petrolero de Brega fue escenario de intensos combates entre las fuerzas de Muamar Gadafi y los rebeldes, que propusieron un alto el fuego bajo algunas condiciones que fueron rechazadas por el gobierno libio.
El régimen del coronel Muamar Gadafi rechazó la propuesta de los rebeldes que le piden que abandone el poder, al afirmar que no aceptaba retirarse de las ciudades controladas por sus fuerzas, según anunció un portavoz del gobierno en Trípoli.
"Los rebeldes nunca ofrecieron la paz. No ofrecen la paz. Piden lo imposible", declaró el vocero Mussa Ibrahim, para quien la proposición de los rebeldes es "un ardid".
Los insurgentes habían afirmado que están dispuestos a respetar el alto el fuego a condición de que las fuerzas favorables a Gadafi suspendan su ofensiva contra las ciudades en poder de los insurgentes y se retiren de las otras que están rodeando.
"No abandonaremos nuestras ciudades. Nosotros somos el gobierno, ellos no", añadió el vocero oficial, aunque señaló que el régimen está siempre listo para la paz y el diálogo. Según él, las fuerzas leales a Gadafi respetan el alto el fuego impuesto por la resolución de las Naciones Unidos.
El régimen de Gadafi también acusó a la coalición internacional de cometer "crímenes contra la humanidad" al bombardear a civiles, según el mismo vocero.
Los dirigentes de los países que participan en las operaciones militares, dijo Ibrahim, son "criminales" e "inmorales", culpables de "crímenes contra la humanidad".
Según él, seis civiles murieron el jueves víctimas de los bombardeos de la coalición sobre Buargub, pequeño poblado cerca de Brega, uno de los estratégicos sitios petroleros y campo de batalla de las fuerzas rebeldes frente al ejército del dictador.
Ibrahim acusó también a la coalición de haber atacado puestos de control a cargo de civiles y policías a lo largo de los 400 km de carretera que separan el puerto de Sirte, ciudad natal del coronel Gadafi, y Ajdabiya, estratégico nudo de comunicación en manos de los rebeldes, 160 km al sur del bastión opositor de Bengasi.
ATAQUES. Los insurgentes y las fuerzas fieles a Gadafi libraron combates cerca del puerto petrolero de Brega, en el este.
La línea del frente se situó en los alrededores de la ciudad, aunque era imposible saber por una fuente independiente quién controla la localidad situada a 800 km al este de la capital Trípoli.
En la mañana de ayer los rebeldes, peor equipados y organizados que el ejército leal al que combaten desde hace un mes y medio, intentaron poner orden en sus filas.
Ante la puerta oeste de la ciudad de Ajdabiya, Abdelkarim Mansuri, de 54 años, gritaba las nuevas consignas: "¡No más civiles! ¡No más automóviles civiles! ¡Sólo los soldados y el abastecimiento pueden pasar!"
Según explicó, es una "nueva técnica". "No queremos que maten a los jóvenes. La guerra no es una distracción. Estas son las órdenes del consejo militar".
Según el comandante del Estado Mayor conjunto estadounidense, el almirante Mike Mullen, "el mayor problema de la coalición en los últimos tres o cuatro días ha sido el tiempo".
"Esto ha reducido, aunque no eliminado, la eficacia" de los aviones aliados encargados de los ataques, que a veces no pueden "ver los objetivos con precisión", explicó. Las condiciones meteorológicas permitieron a las fuerzas leales a Gadafi lanzar una contraofensiva hacia el este, según dijo.
Hoy el Ejército estadounidense comienza a retirar sus aviones de combate y sus misiles Tomahawk de la ofensiva aérea, después de que la OTAN asumiera el control de las operaciones. El Ejército estadounidense facilitará sus aviones para misiones de reabastecimiento en vuelo, vigilancia y bloqueo de comunicaciones. "Nos centraremos en misiones de apoyo", explicó un responsable del Pentágono.
Mientras, en Misrata unos 7.000 refugiados esperan a que algún día llegue la paz para poder volver a sus hogares.
"Italia nos trata como a perros"
El Gobierno italiano empezó a vaciar Lampedusa de los miles de inmigrantes tunecinos que se hacinan desde hace semanas en el pequeño islote del sur de Sicilia. El plan era evacuar a 3.850 personas hacia un campamento en Taranto.
Muchos de los que se quedaron en Lampedusa están asustados e indignados. Algunos llevan semanas durmiendo en el piso, en campamentos cerca del puerto, un basurero pestilente, y en la llamada Colina de la vergüenza, un mon-tículo pedregoso donde las heces humanas se acumulan junto a las precarias tiendas hechas con trozos de plástico.
"La política del Gobierno italiano ha consistido en tratarnos como a perros, no es muy distinta de la tunecina", explicó Nizer, de 25 años, albañil, que llegó desde el puerto de Zarzis en un pesquero el 25 de marzo. "Estamos en la mierda. Sólo nos han dado unas zapatillas. La comida es horrible y le deben poner tranquilizantes, porque estamos todo el día medio dormidos". Los que no han sido elegidos para salir en los transbordadores amenazaron con ponerse en huelga de hambre y sed. Finalmente, las promesas de que se irán de Lampedusa en estos días los calmó. EL PAÍS DE MADRID