"Tuvimos que abandonar la casa un día después del sismo, sólo podremos volver cuando la radiactividad haya desaparecido", afirma la familia Muto, que al igual que decenas de vecinos de la central nuclear de Fukushima se encuentra en Tokio por tiempo indeterminado.
Desde hace algunos días, los vestíbulos del ala occidental del centro de exposiciones Tokyo Big Sight, en la bahía de la capital, están reservados a los vecinos de esta instalación nuclear que fueron evacuados después de una serie de explosiones y accidentes que amenazan con degenerar en una catástrofe, condenando a la región al aislamiento.
"Partimos rápidamente en autobús cuando dieron la orden de evacuación, dejamos el automóvil y todos nuestros animales domésticos, dos perros, cuatro gatos y tortugas, ni siquiera podemos ir a buscarlos", se lamenta Mami Muto, cuyo domicilio se encuentra a sólo 5 km de los seis reactores de Fukushima 1, al noreste de Japón.
"Sólo podremos regresar cuando haya desaparecido la radiactividad, pero dada la situación actual, nada parece mejorar", se desespera esta madre alojada en Big Sight con su marido y su hija.
"Nosotros no estábamos verdaderamente preocupados por vivir a poca distancia de una central nuclear, nos decíamos que era seguro, lo creíamos", dijo.
"Pero de ahora en adelante, si tuviéramos confianza en lo que dicen las autoridades, respecto a la seguridad más allá de un radio de 30 km, no hubiéramos venido hasta aquí, a más de 200 km de Fukushima", explica.
Los vecinos de la familia Muto, que también se vieron obligados a partir, comparten este punto de vista.
"Vine de Iwaki. Vivo a 50 km de la central, fuera de la zona de evacuación, pero tengo miedo de la radiactividad. Aquí estamos bien", afirma Harutake Kohiyama, contento de tener comida y un alojamiento con calefacción para él y cinco miembros de su familia.
"En Iwaki ya no hay gasolina ni alimentos y muchas personas están bloqueadas allá, sin la posibilidad de escapar", aseguró, considerándose casi privilegiado.
El tampoco cree en las afirmaciones tranquilizadoras del gobierno, de la compañía de electricidad que explota la instalación (Tokyo Electric Power, TEPCO) ni en las declaraciones de la Agencia de Seguridad Nuclear, dado que los escapes radiactivos aumentan diariamente.
"Creo que Japón solo no puede resolver ese problema, necesitamos ayuda de Estados Unidos, de Rusia, de los países que tienen esta experiencia", insiste.
"No tengo la impresión de que la gente se encuentre en un estado de preocupación alarmante, en todo caso por el momento, pero lo más duro para ellos es no saber cuándo les será posible volver a su domicilio", explicó un empleado de la alcaldía de Tokio que solicitó el anonimato.
"Es probable que el número de individuos alojados aquí aumente si el perímetro de peligrosidad se extiende, el gobierno ya propuso a los habitantes de la zona de refugio (confinamiento) que abandonasen sus viviendas de forma preventiva", sostuvo.
A fines de la semana pasada, unas 70 personas acampaban en los vestíbulos de Big Sight, donde recibieron tarjetas para comidas, productos de primera necesidad y aprovecharon la proximidad de pequeños supermercados, restaurantes y lugares para descanso, así como la ayuda de empresas.
Una vez por día pueden ir al "onsen" (baño caliente) más cercano o a descansar durante la jornada en un hotel vecino por una suma simbólica.
También pueden obtener dinero prestado bajo determinadas condiciones.
Sin embargo, estas buenas intenciones no les hacen olvidar su mayor deseo, el mismo que el de la estudiante Miraku Muto: "que la radiactividad desaparezca para ver nuevamente a mis amigos lo antes posible".
AFP