MATÍAS CASTRO
Muchos se quejan cada vez que una película tiene una secuela. En todo caso se puede decir que esas continuaciones se dan por puro impulso económico. En el caso de la farándula las historias interminables se dan, en general, a base del carácter de sus protagonistas. Si Guido Süller aparece una y otra vez en la televisión es, básicamente, por su intento de mantenerse en el medio y, además, buscar dinerillo.
Otras personas no pueden evitar cargar con su propia forma de ser. Y eso es, como dije en columnas anteriores, lo que los lleva a estar constantemente en el ojo del huracán. Lindsay Lohan y su familia son un gran ejemplo.
Michael Lohan, su padre, fue acusado de violencia doméstica por una ex novia. Ya había sido arrestado anteriormente, pero ahora ha vuelto a las andadas y gracias a eso el nombre de su hija sigue estando en el tapete. Lindsay, por su parte, no llegó a un acuerdo con quienes la acusaban por robar un collar y se estima que vuelva a la cárcel. Hay demasiados problemas con la ley en esa familia como para no atender lo que hacen. Y, además, sería complicado que en este contexto ella vuelva a convertirse en una estrella normal de cine.
Más que una secuela esto es una especie de telenovela interminable cuyo final no está a la vista. Es difícil prever lo que pueda ocurrir con Lindsay en el futuro. Hay que considerar que se trata de alguien que nació y creció en el mundo del espectáculo, con fama, dinero y admiradores siempre a su alrededor. Y eso es ciertamente adictivo.
Algunas recordarán una serie infantil de los años ochenta llamada La pequeña maravilla, o Small Wonder. La protagonista de esta serie era una niña robot y su actriz, muy famosa en ese entonces, es hoy enfermera. El actor que hacía de Cirilo en la telenovela mexicana Carrusel de las Américas, se hizo policía y fue arrestado hace dos semanas por intentar robar un kiosco. ¿Qué será de Lindsay Lohan en diez años más?