Familia Amaro

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"La cabeza te trabaja y no podés parar"

Gustavo Amaro tenía 29 años y era taxista. Fue asesinado en un intento de rapiña en la tarde del domingo 7 de noviembre de 2010, cuando salía de su casa en el barrio Marconi para comenzar su jornada laboral. Por el hecho, un menor de 17 años fue internado en el INAU. El joven, con varios antecedentes por delitos sumamente violentos, ha sido investigado por otros robos y homicidios en la zona.

Graciela Ferreyra (46), madre de Gustavo, no encuentra consuelo por lo que le ocurrió a su hijo. Ella y sus otros hijos están bajo atención médica para poder sobrellevar la situación, aunque, dice, "se hace muy difícil".

"La cabeza te trabaja y no podés parar", asegura la mujer, y cuenta lo difíciles que fueron las fiestas de fin año, a poco más de un mes y medio de la muerte de Gustavo.

"El 24 de diciembre me encerré en el baño en medio de una crisis de angustia; intenté cualquier locura", relata Graciela que vive en el barrio Maroñas junto a su esposo, y que más allá de que tiene otros cuatro hijos a su cargo, asegura que su vida ya nunca será igual.

Pero para Graciela, lo más indignante es que el homicidio de su hijo pudo haberse evitado, ya que el adolescente que lo mató estaba fugado del INAU, donde estaba cumpliendo con una pena por otros delitos. "Un menor se fugó y le dio seis tiros, porque lo siguió baleando aun cuando Gustavo ya estaba herido en el suelo", dice la mujer. Graciela asegura que el menor que terminó con la vida de su hijo también es responsable de otras tres muertes.

FAMILIA NOVO

"¿Por qué mi hija tuvo que quedar sin su padre?"

Pasaron dos años y dos meses del homicidio de Alejandro Novo, un repartidor de productos avícolas que murió tras recibir dos disparos en la zona del ingreso a Los Aromos, la concentración de Peñarol. Su familia sigue reclamando Justicia. Alejandro tenía 30 años, estaba casado y era padre de Melina, una niña que en ese momento tenía apenas dos años.

"Por más que te digan que la vida sigue, es la tuya la que destruyeron", dice Mónica Has-kowec (32), la viuda de Alejandro. "¿Por qué mi hija se tuvo que quedar sin su papá? Solo porque cuatro bestias lo mataron por querer sacarle unos pocos pesos", agrega.

Graciela Barrera (57), la madre de Alejandro, cuenta sin dar crédito que desde el homicidio de su hijo unas 120 personas han sido indagadas por la Justicia y la Policía, pero todavía no ha sido posible ubicar a los responsables del hecho. "Y lo peor es que capaz que vamos por la calle o en un ómnibus y quizás, sin saberlo, nos cruzamos con alguno de ellos", dice.

Más allá del dolor que siente toda la familia, Graciela destaca que el principal esfuerzo de todos se hace por Melina, su nieta. "Tratamos de educarla y enseñarle todos los valores como si Alejandro estuviera con nosotros, pero realmente se hace muy difícil", afirma.

Mónica está muy disconforme con la atención que han recibido de parte del Estado. "De mi hija nadie se ha preocupado de saber nada; le quitaron a su padre y nadie se hace cargo, no es solo lo económico, sino que alguien se preocupe de saber cómo estamos", reclama.

FAMILIA TATTO

"Mi madre está viva pero a su vez está muerta"

A sus 72 años, América Salmantón era una mujer sana que se ocupaba de los quehaceres de su casa con independencia. Sin embargo, a raíz de una rapiña que sufrió en el año 2001, ahora tiene serios problemas cerebrales que no le permiten moverse y prácticamente no reconoce a sus familiares.

"Ella iba a hacer mandados y en la calle le robaron el monedero con $ 70. En la rapiña recibió un fuerte golpe en la cabeza y ahora está postrada en una cama", cuenta Ruben Tatto (50) uno de los hijos de América.

En su momento, los médicos que atendieron a la mujer que actualmente tiene 82 años, le indicaron a la familia que había posibilidades de someterla a una operación, pero en realidad los riesgos eran mayores al beneficio que podía obtener. "Entonces, decidimos no operarla y que estuviera con nosotros hasta que Dios quisiera. Ya pasaron diez años y mi madre está viva pero a su vez muerta", dice Ruben.

"Lo ocurrido con mi madre nos marcó para toda la vida", agrega, y lamenta que ni la Justicia ni la Policía pudieron ubicar a los autores de la rapiña. "La verdad no podemos entender cómo nunca pudieron encontrar a esa gente", afirma Ruben, con gran descreimiento.

Desde lo ocurrido con su madre, Ruben integra la comisión de seguridad vecinal de Flor de Maroñas, como forma de ayudar a contrarrestar la delincuencia en la zona. "Todas las familias a las que nos ha pasado algo seguimos adelante, porque ya no tenemos nada que perder, porque el daño ya lo sufrimos", dice.

FAMILIA GONZÁLEZ

"Si seguimos así, viviremos como en la jungla"

Jorge González tenía 52 años y vivió toda su vida en el barrio Punta de Rieles, donde tenía un almacén. El 29 de marzo de 2009, mientras atendía su local, fue víctima de un intento de robo. El hombre, padre de seis hijos, recibió tres disparos en el pecho que terminaron con su vida en forma casi instantánea. Los delincuentes escaparon sin llevarse nada.

"No tuvimos Justicia, no tenemos apoyo del Estado, así que prácticamente no somos parte de la sociedad", dice Sandra González (28), una de las hijas del hombre fallecido.

Jorge fue asesinado prácticamente delante del menor de sus hijos, que en ese momento tenía 11 años de edad. Y para peor, Sandra cuenta que varios de los integrantes del grupo de delincuentes que ingresaron al almacén de su padre viven en su mismo barrio. "¿Qué respuesta nos da la Justicia cuando nos cruzamos en el barrio con una de las personas que mató a mi padre?", se pregunta.

Sandra lamenta que, en el caso de su padre como en otros hechos delictivos, los responsables son personas con varios antecedentes penales. Según dice, uno de los delincuentes que intentó rapiñar a su padre tenía en ese momento 22 años y antes había estado en prisión por un intento de homicidio.

A Sandra le preocupa el incremento de los hechos delictivos así como el hecho de que los delincuentes, cada vez, son más violentos. "Si esto sigue así vamos a terminar viviendo en una especie de jungla, donde solamente vive el que es más fuerte", razona.

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