Con cierta habilidad para sustos de fórmula

Cine | GUILLERMO ZAPIOLA

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Afortunadamente la frase ya ha dejado de usarse (en realidad, hace tiempo que no viene al caso), pero esta película de terror tienta inevitablemente a usarla: "Bueno, para ser uruguaya no está mal".

Se la podría dar vuelta y escribir, en cambio: "Para ser uruguaya está bastante bien". O más bien, que está bastante bien aunque sea de cualquier lado, y que el dato de que sea uruguaya es meramente anecdótico. Salvo que ese dato es justamente el que justifica que se escriba sobre ella. Si fuera "de otro lado" sería, simplemente, otra correcta película del montón, de esas que aparecen diez por semana en el cable, y no estaríamos escribiendo sobre ella. Estaríamos apenas ante otra producción de género, y demasiado "genérica" para llamar realmente la atención.

Sin embarco concentrémonos primero en las buenas noticias: un `look` considerablemente profesional (su bajísimo presupuesto ha sido bien utilizado), una cámara fluida, bien el sonido y el diseño de producción, una habilidad para usar sus espacios, sus juegos de luces y sombras, sus ruidos amenazantes. Tiene clima y atmósfera, no abusa de la sangre, y a veces asusta.

Ahora vienen las malas: un guión de fórmula, personajes unidimensionales, alguna confusión narrativa, un par de vueltas de tuerca bastante previsibles (la segunda remite obviamente a Horacio Quiroga). La consecuencia es que el film no llega a generar una real empatía por su protagonista, cuyo destino se vuelve inevitablemente ajeno. Se lo puede ver con curiosidad, con cierto interés, y hasta reconociendo que está hecho por gente que sabe de cine, pero en último término el espectador se queda afuera.

La casa muda

ficha

Uruguay 2011.

Director: Gustavo Hernández. Guión: Óscar Estévez, sobre historia de Gustavo Hernández y Gustavo Rojo. Fotografía: Pedro Luque. Montaje: Gustavo Hernández. Diseño de producción: Federico Capra. Productor: Gustavo Rojo. Elenco: Florencia Colucci, Abel Tripaldi, Gustavo Alonso, María Salazar.

atención a...

el recurso de la toma única y la narración en tiempo real. Por supuesto, el procedimiento tiene antecedentes (desde La soga de Hitchcock hasta El arca rusa de Sokurov y Sábado del chileno Matías Buize. Aquí funciona como un alarde o un ejercicio de estilo, que en todo caso llama la atención sobre la solvencia técnica de sus responsables, y deja entrever una capacidad para contar algo que importe cuando lo tenga realmente.

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