CLAUDIO FANTINI
Empujado por sus ínfulas de ideólogo y por la influencia del Libro Rojo de Mao Tse-tung, Muamar el Gadafi quiso ir más allá del tibio socialismo pan-arabista de Nasser. Por eso en su Libro Verde, donde además teoriza diletante sobre el universo y sobre el Corán, plantea una suerte de democracia directa, de tipo asambleario, como la que propuso Jean-Jacques Rousseau en los tiempos de la Enciclopedia. Para tapar con un sello personal la marca del iluminismo, Gadafi deformó la palabra jumhiría (república) y acuñó jamahiriya (estado de masas). Las masas debían gobernar la Gran Jamahiriya Árabe Libia Popular y Socialista desde los Comités Revolucionarios. Pero así como Lenin proclamó "todo el poder a los soviets" pero se lo dio a la burocracia del partido, Gadafi concentró en sus propias manos el poder que había proclamado para las masas. Sólo compartió ese poder con los clanes beduinos del Noroeste, donde está la ciudad de Sirte a la que pertenece su familia. Eso explica que la rebelión haya comenzado en el Este y a la vez señala el riesgo de que la crisis derive en una guerra entre las regiones antiguamente llamadas Tripolitania y Cirenaica.
Si con sólo 27 años y el grado de capitán, Gadafi se adueñó del golpe militar que en 1969 derrocó al rey Idris, fue por prosapia familiar: su abuelo había comandado en Tripolitania la lucha contra la ocupación italiana. El monarca derrocado, en cambio, representaba a los clanes del oriente libio. Muhamad Idris al-Sanusi era el nieto del fundador de la cofradía islámica más poderosa de Cirenaica que había encabezado la lucha contra los italianos en el Este del país. Con Gadafi llegaron al poder los clanes del Oeste, excluyendo del manejo de la política y la economía a sus rivales del Este.
La retórica socialista y republicana fue el disfraz de la nueva monarquía. Gadafi postulaba al revolucionario Rousseau pero se convirtió en el absolutista Luis XIV, asentando el eje del poder en el Oeste de un país cuyas ciudades importantes están en el norte, junto al Mediterráneo, porque el resto es el desierto sahariano que fue escenario del histórico duelo bélico entre Erwin Rommel y el mariscal Montgomery.
La rebelión contra Gadafi comenzó en las ciudades orientales de Benghazy y Al Baida. El déspota y su hijo Seif al Islam se atrincheraron en sus bastiones del Oeste y no respondieron en términos de represión, sino de guerra. Una guerra que podría derivar en secesión, porque el mapa libio ha empezado a resquebrajarse a la altura de la frontera entre las antiguas Tripolitania y Cirenaica.