CHRISTCHURCH | Al menos 75 personas murieron y unas 300 se encuentran desaparecidas entre los escombros tras el terremoto de magnitud 6,3, registrado el martes en la segunda ciudad de Nueva Zelanda, Christchurch.
Los rescatistas usan maquinaria pesada y perros entrenados para buscar a sobrevivientes que aún puedan estar atrapados. Es que partes de la ciudad, de unas 350.000 personas, quedaron en ruinas por derrumbes de varias edificaciones y hay un corte generalizado de los servicios de agua, electricidad y telefonía.
El primer ministro, John Key, declaró el estado de emergencia nacional mientras cientos de soldados, policías y socorristas acudían a Christchurch a fin de prestar ayuda.
El costo del temblor en esta ciudad fue estimado en US$ 8.600 millones por AIR Worldwide, una empresa que evalúa los daños financieros para los aseguradores luego de una catástrofe.
Por su parte, durante la audiencia general de ayer en la sala Pablo VI, el papa Benedicto XVI recordó la "tragedia" e invitó a los católicos a "orar por aquellos que han perdido la vida".
"Dirijo mis pensamientos a todas esas personas que han sido severamente afectadas por esa tragedia" y "pido a Dios que les dé alivio", dijo el papa. AFP