Bombardeo histórico, 66 años después

Dresde, la capital de Sajonia, era una joya del período barroco y un centro artístico que permitió llamarla "la Florencia del Norte". Durante la Segunda Guerra Mundial no era un objetivo militar, y sus tesoros culturales permitían suponer que no sería bombardeada, de manera que se convirtió en destino de muchos miles de refugiados alemanes, que se sumaron así a su población estable. Sin embargo, del 13 al 15 de febrero de 1945 (tres meses antes del fin de la guerra) una enorme flota aérea británica y norteamericana descargó sobre Dresde varias lluvias de bombas incendiarias que hicieron polvo el casco histórico y mataron a tanta gente como la explosión nuclear de Hiroshima. La imposibilidad de enterrar esa masa de cadáveres obligó a armar en las plazas unas enormes parrillas para incinerarlos.

Churchill autorizó el bombardeo para adelantarse a la reunión cumbre de Yalta y demostrar a Stalin que los aliados no estaban inactivos mientras la Unión Soviética desplegaba su ofensiva de invierno sobre el Reich. La consecuencia de esa decisión fue uno de los ataques aéreos más atroces de la guerra, sólo comparable al de Hamburgo, al de Tokio y a los dos episodios atómicos. En estos días se cumplió otro aniversario del bombardeo y miles de personas formaron una cadena de tres kilómetros alrededor del viejo centro de Dresde. Para mañana están previstas en la ciudad dos manifestaciones, una antinazi y otra neonazi, que obligarán a imponerles un enorme operativo de control policial.

El recuerdo de lo que ocurrió hace 66 años no ennoblece el desempeño aliado durante la guerra. A nivel patrimonial cabe recordar que los alemanes respetaron la integridad de una ciudad como París (aunque Hitler había ordenado dinamitarla) y hasta salvaron el Ponte Vecchio sobre el Arno en plena retirada, limitándose a bloquear sus accesos. No hay atenuantes para la destrucción de Dresde en un momento en que la guerra ya estaba perdida para los nazis, porque -al margen de las inestimables pérdidas materiales- la masacre de población civil fue un método ejercitado por los aliados en una escala sin precedentes, tanto en Alemania como en Japón.

Nada de eso interfiere con el juicio que merece el régimen hitleriano, desde sus alevosas conquistas hasta su terror político y sus campos de exterminio. Conviene mantener viva la memoria sobre él, porque tiene prolongaciones actuales en los grupos neonazis. Pero de todas formas no deben excusarse otras barbaridades, sin las cuales la guerra se habría ganado igualmente. Recordar lo que pasó en Dresde es útil para saber que el propósito de alcanzar una victoria militar justifica muchas cosas, algunas de las cuales son inaceptables.

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