En la última Asamblea de la Sociedad Interamericana de Prensa que tuvo lugar en México en noviembre del 2010, se alertó que el agravamiento de los obstáculos y amenazas a la libertad de expresión, aun en países con procesos democráticos, ha creado un clima de tensión para la actividad periodística. Por ello, la prestigiosa institución resolvió declarar el 2011 como "Año por la Libertad de Expresión".
Esto se viene a agregarse al establecimiento del 3 de mayo como el día nacional de la libertad de prensa. Es importante que la opinión pública y los propios periodistas rescaten ese propósito, denunciando los abusos que se cometan, reivindicando los principios democráticos, constitucionales y legales en que se sustenta y estimulándolos a través del ejercicio mismo de la profesión.
Es indiscutible que en América existen gobiernos intolerantes y autoritarios que no aceptan la crítica ni las posiciones opuestas, que utilizan hasta los medios más sutiles para violarla, ya sea a través de la publicidad oficial, como premio o como castigo, o los controles en la venta de papel o la simple obstrucción de la salida de los camiones de distribución, en una modalidad que ha registrado sus niveles más altos en Argentina. Últimamente, además, se ha dado la rara coincidencia de que en varios países ha aparecido, en forma sugestiva, un interés por regular los medios de comunicación a través de leyes.
Eso ocurrió en Uruguay, donde el gobierno designó una Comisión para redactar un proyecto de ley, donde se jugó con la ambivalente actitud liberal del Presidente de la República que, con el respaldo de su Vice, enarboló el manoseado eslogan de que no hay mejor ley de prensa que la que no existe y adelantó que si le enviaban un proyecto lo iba a tirar a la papelera. Esto no impidió que el Ministro de Industria, igualmente recibiera a puertas cerradas en una discutible intimidad, el texto de la iniciativa y con una prudencia digna de mejor causa, la guardara en un cajón de su escritorio, temeroso, tal vez, de que en este caso, también se aplicara la folclórica frase Presidencial según la cual, como te digo una cosa te digo otra.
También en Argentina, donde se aprobó una polémica ley de medios; en Venezuela, donde los desbordes del gobierno de turno, que ya se había dado un baño de inmersión con las empresas de televisión, extendiera sus tentáculos con la presentación de una nueva ley de radio y televisión, pomposamente envuelta con el nombre de Ley Orgánica de Telecomunicaciones y de responsabilidad Social.
En Brasil, por su parte, precisamente en el año 2011, la recién llegada Presidenta ha anunciado que pretende enviar al Congreso en los próximos meses una nueva ley de regulación de los medios audiovisuales, para desconcentrar el sector y convertirlo en más plural.
Esta fiebre de leyes de medios que sugestivamente en algún artículo pudorosamente escondido, se refieren a la posibilidad de que el gobierno de turno regule también el contenido de las programaciones o de los artículos o de la información, justifica lamentarse señalando los crímenes que se cometen al amparo de pretendidos pluralismos o de la defensa de la responsabilidad social. A esto debe agregarse la cantidad de periodista muertos o raptados en el ejercicio de sus tareas. La opinión pública debe saber que un diario también depende de la vigilancia que practique el lector; un oyente de televisión , por su parte, no puede ignorar que además del derecho del dedo utilizando el control remoto para cambiar de canal, puede utilizar su militancia tanto defendiendo la libertad de expresión a través de los medios como rechazando los atropellos que se cometan.
Y los propios periodistas y operadores de esos medios deben tener presente, en cada jornada, la obligación de mantener y defender el profesionalismo de su trabajo a través de un responsable ejercicio del mismo. Hacerlo con sentido de responsabilidad, será una forma de adherirse, todos, al año por la libertad de expresión.