Regalados

Sí. Esa es la palabra para definir la situación en que nos encontramos en materia de seguridad. Ayer la prensa trajo pésimas noticias que confirman lo que alguien en su momento, cuando el proceso de descomposición ya estaba en pleno desarrollo, calificó como "sensación térmica".

Hoy, esto suena a ironía descalificante para quien dio ese mensaje, nada menos que desde el Ministerio del Interior. Se sabe que un menor que cumple dieciocho años en un par de meses, autor de tres homicidios en poco tiempo, tendrá como máxima sanción una reclusión en INAU de cinco años, que pueden ser menos si se le concede la libertad anticipada por buena conducta. Es evidente que algo anda mal, muy mal, en nuestra legislación, y que hay que aplicar el bisturí con urgencia. No tiene nada que ver con la posibilidad de que haya actuado por instigación de otros o cualquier otra circunstancia que pudiera atenuar su responsabilidad.

Tampoco se puede explicar cómo algunos magistrados de jerarquía consideran que no sirve para nada tener en cuenta los antecedentes de la conducta del menor una vez que cumpla la mayoría de edad y vuelva a delinquir. Parecería que el índice de peligrosidad del delincuente es ajeno a su personalidad y que debe fraccionarse entre un antes que no interesa, y un después de la edad de imputabilidad. La personalidad es una, y como tal debe analizarse.

A esto se agrega una rebelión policial importante por reclamos de mejoras salariales, que aunque pueda entenderse como justa, es inaceptable en quienes tiene a su cargo la defensa de la población ante la acción criminal.

Basta de retórica y debate académico. Soluciones urgen.

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