Cancillería arruinada

No hay dudas de que el subsecretario de Relaciones Exteriores, Roberto Conde, tiene un problema personal con Perú y Colombia. A poco de asumir en cancillería (marzo de 2010 en Búsqueda) acusó impertérrito a Perú de desarrollar "una economía absolutamente depredatoria" y a Colombia de "pretender desconocer la crisis y estar absolutamente alineado con Estados Unidos". Ahora tenemos que ante el "avance socialista de Bolivia y Ecuador", Perú y Colombia pretenden crear "un bloque neoliberal" (lo que nos parece muy bien), pero de características "militarista y fascistoide" (lo que nos parece horroroso, si fuera verdad).

Un comunicado de prensa del Ministerio de Relaciones Exteriores emitido el viernes, busca arreglar este entuerto, pero no es creíble. Dice que las expresiones citadas son "erróneas y descontextualizadas" y que se refieren a "otros momentos de la política latinoamericana". El discurso textual de Conde se puede leer por Internet en la página 10 del periódico "Frente Obrero" (Conclusiones, N° 25, publicación de la IV Internacional Posadista, del mes de enero de 2011), pero queda claro que "el avance socialista de Bolivia y Ecuador" tiene un comienzo bastante reciente, que no coincide con Fujimori.

El problema de Conde es que ocupa un alto cargo en la diplomacia uruguaya y entonces debe cuidar sus opiniones porque involucran al país. Los disparates -cualquiera sea el auditorio donde los diga y aunque lo aplaudan- mientras sea subsecretario, no son gratuitos. El tema es muy claro: o le gusta el cargo de vicecanciller y entonces lo desempeña con dignidad y ajustando su conducta a esa alta representación, o prefiere andar divagando con sus ideas, odios y rencores, pero entonces que lo haga desde su posición de simple ciudadano, que disfrute tranquilamente de su libertad de expresión, pero no haga pasar al país papelones innecesarios.

Conde es un socialista, forjado a imagen y semejanza del anterior canciller Reinaldo Gargano, gente preocupada exclusivamente en defender una ideología de los años setenta, insensible o ciega a los cambios operados en el mundo. Su odio a EE.UU. se mantiene con el mismo vigor que en la Guerra Fría. No se han percatado que hace tiempo que cayó el muro de Berlín y sepultó al socialismo real. Siguen funcionado como cuadros partidarios estructurados y no como un equipo de política exterior.

En esa ideología cerrada, obtusa y maniqueísta todo país que mantiene relaciones cordiales o correctas con EE.UU. es un enemigo y como tal deberá ser tratado. Ese es el pecado de Perú y Colombia, que no solo desprecian los intentos chavistas de generar un gran bloque en la región y Centroamérica para difundir el socialismo siglo XXI, sino que han firmado Tratados de Libre Comercio con EE.UU. Se dirá que Chile está en la misma situación, pero no hay que olvidar que el mismo desprecio y los mismos acuerdos fueron firmados por gobiernos socialistas, y es difícil meterlos en la misma bolsa. Porque no reconocen que son otro tipo de socialistas: modernos, pragmáticos, sin anclajes en doctrinas perimidas. Pero tienen (tenían) chapa de "socialistas" o de "progres".

El martes 25, el presidente Mujica visitará Lima, especialmente invitado por su colega Alan García. No sabemos con qué cara o qué explicaciones le dará a un mandatario que nuestra cancillería considera "militarista y fascistoide". Tal vez entienda entonces que la Cancillería no es un comité de base donde con la escarapela de la militancia cualquiera puede ir a dar su opinión sobre los temas que se le ocurran, incluso sobre el manejo de las relaciones internacionales del país. Es la central de la diplomacia uruguaya y a la cabeza de ella deben ubicarse ciudadanos que acrediten sólidos conocimientos y un cuidadoso profesionalismo para manejarse en el mundo. Es la cara visible del país en otros países. El N° 2 de la diplomacia uruguaya no puede andar por los micrófonos, pegándole palos a otros países, considerados amigos, que integran organismos regionales comunes y que no han hecho nada para ser agredidos.

Tabaré Vázquez sufrió los desaciertos de Gargano en ese cargo. Mujica va por el mismo camino, salvo que, por ejemplo, le haga caso a la oposición y le pida la renuncia a Conde. Está visto que el subsecretario no solo le hace daño al país, sino que le hace mucho daño al gobierno uruguayo.

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