Javier García
Veinte años después y luego de miles de millones de dólares recaudados de los bolsillos de los contribuyentes y gastados por el Frente Amplio en Montevideo, la capital se cae a pedazos.
De las tres funciones básicas (limpieza, vialidad y alumbrado) que debe cumplir el gobierno departamental, dos de ellas, por lo menos, son deficientes. La limpieza, con la consecuente recolección y disposición final de residuos, y la vialidad.
Sobre la primera sobran las palabras, basta recorrer cualquier cuadra de la capital para constatar que Montevideo es una ciudad sucia, mucho peor que cuando el Frente asumió hace veinte años. La promesa aquella de Tabaré Vázquez de erradicar los basurales en pocos días es, recordada hoy, un chiste. Montevideo, todo, es un enorme basural. ¿Lo es por falta de recursos para organizar un buen sistema de manejo de la basura, o por falta de tiempo para ejecutarlo? No. Han esquilmado los bolsillos de los montevideanos y tuvieron veinte años para resolverlo. Lo que hay es incapacidad de gestión.
El estado de las calles hace a Montevideo muy parecido a la Luna: su superficie está llena de cráteres. La propia Intendencia de Montevideo reconoció esta semana que la mitad de los 3000 km de calles, avenidas y caminos están en mal estado. Luego de 20 años de gobierno del FA en Montevideo, el resultado es ese. Es más, en los últimos cinco años solo mejoró el 1% de las calles, según la propia intendencia. Es mucho tiempo para hacer tan poco.
En el presupuesto que envió la intendenta se le destina más dinero a la Secretaría General de la comuna que a la vialidad, todo un signo de los tiempos burocráticos que dominan. Se recaudan más de 500 millones pero se destinarán menos del 2% de éstos a mantener las calles. Ni dieron de comer a un niño ni taparon un pozo, recordando la excusa de Vázquez.
La comuna recaudaba 400 millones de dólares y ahora está previsto que recaude 100 millones más. Dice que va a aumentar la inversión, cosa que es bienvenida, el tema es que no lo hace a partir de tener mejor gestión sino de recaudar más. Son miles de millones que los montevideanos aportaron durante años para que la burocracia se lo lleve y Adeom disponga de ellos. Mientras, como maniobra de distracción, la intendencia relanza una nueva edición de la "guerra de las patentes" temporada 2011. Mucha guerra y poca obra.
Los propietarios de coches que empadronan en otros departamentos lo hacen por la sencilla razón de que a nadie le gusta que lo roben. Y la patente en Montevideo es un robo, con cuyo producido se financia burocracia y no obras viales.
Este cuadro de situación deja una administración que sumará al final de la misma un cuarto de siglo de gobierno frenteamplista en la capital.
Será la hora del cambio político en Montevideo. Llegará irremediablemente, incluso con el apoyo de muchos frenteamplistas que ya le bajaron el dedo a su partido. La soberbia de decir sin escrúpulos que en Montevideo el FA gana aún poniendo "una heladera" será recordada como el principio del fin. No habrá electrodoméstico que los salve. Es cuestión de tiempo y de trabajo.