RIcardo Reilly Salaverri
Días pasados comentábamos que la FED, el Sistema de Reserva Federal de los Estados Unidos de Norteamérica, que tiene entre otras facultades la de emitir el dólar, es una empresa privada ajena e independiente del gobierno de dicho país (son sus accionistas unos pocos bancos privados).
Y, decíamos que en la burbuja inmobiliaria que llevase a la crisis de proyección internacional que ocurriese más o menos dos años atrás, existió una descontrolada emisión de moneda de parte de los bancos norteamericanos, ejecutada a través de la concesión de créditos para comprar inmuebles a gente insolvente, que no los devolvió. Concesión que -además- se efectuó prácticamente sin control por la FED de los encajes de los bancos norteamericanos, que prestaron largamente por encima de su capacidad de resistencia financiera, ante un incumplimiento de devolución de los créditos inmobiliarios como el que se produjo. El final fue un crac en cadena de la economía internacional, de la de diversos países, de instituciones, inversores y personas.
Históricamente la emisión de dólares se efectuaba con un respaldo en oro. Cada billete tenía un determinado respaldo de oro -las reservas americanas estaban depositadas en Fort Knox- y los papeles eran convertibles.
O sea, que si el tenedor de un dólar lo deseaba iba a una ventanilla y lo cambiaba por su respaldo en oro físico. En 1971, ante la amenaza del Presidente francés De Gaulle de que reclamaría el canje de los dólares en poder de Francia por oro, el Presidente norteamericano Nixon dispuso la inconvertibilidad del dólar (es sensato creer que entonces se habían emitido dólares por encima de las reservas existentes). Desde ese momento se dice que el respaldo del dólar es la economía norteamericana.
La FED para emitir dólares realiza operaciones de mercado abierto y acuerda la compra de bonos del tesoro del gobierno de los Estados Unidos a determinada tasa de interés. El gobierno norteamericano a cambio de los bonos que su Tesoro recibe de la FED billetes, y el capital y los intereses adeudados a los banqueros "compradores" de los bonos los pagan con impuestos los contribuyentes norteamericanos.
Es decir que la FED crea de la nada dinero y se lo presta al gobierno federal, que asume el compromiso de devolver capital e intereses, por medio de los impuestos que pagará el pueblo de los Estados Unidos.
Con motivo de la crisis inmobiliaria y sus extendidas secuelas económicas y financieras, para evitar un colapso del sistema económico norteamericano, el gobierno del Presidente Obama recurrió a la FED, la que a cambio de bonos del Tesoro, con tasa de interés casi cero, ha emitido montañas de billetes sacados de la galera para contribuir al resurgir de la economía estadounidense. La abundancia de papeles verdes trasciende a los Estados Unidos y -ley de oferta y demanda- se proyecta al alza de los valores del oro y de la plata, de las materias primas en general y al precio de las propiedades inmuebles en muchos lugares del planeta entre los que revista el "boom" edilicio -¿burbuja?- de nuestro país.