Levón y Jimena Pérez en un sólido trabajo actoral

"Blackbird". Un gran texto de David Harrower en escena

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CARLOS REYES

Un plato fuerte espera a los espectadores de teatro en la Sala Zavala Muniz, donde de jueves a domingos se está presentando "Blackbird", estrenada sin demasiada convocatoria de público una semana atrás.

Como todo buen espectáculo teatral, éste tiene su más sólido apoyo en su elenco, con dos actores que pese a la distancia generacional que tienen, se manejan a la par. Por un lado, Jimena Pérez, quien además de desplegar muchas de sus herramientas actorales, se expresa con gran naturalidad y un enorme sentido humano.

Junto a ella, Levón, que vuelve a armar un personaje a la medida del texto. Una vez más, el actor vuelve a sorprender con una composición que se ubica en las antípodas de sus anteriores trabajos, y también se distancia muchísimo de su propio temperamento. Un personaje duro, por momentos tosco, construye este actor refinado.

Otra feliz sorpresa la ofrece la escenografía de Beatriz Arteaga, que logra imprimir un corte original a la planta escénica de esa sala, aparentemente difícil de modificar. Es que la sala secundaria del Solís, ya sea cuando se usa de manera frontal como trifrontal, suele ser trabajada con escasos decorados. En este caso, Arteaga construyó una enorme sala, vacía y a la vez desordenada, un poco a la manera de los dos protagonistas de Blackbird.

La escenografía (muy bien apoyada por las luces de Martín Blanchet), es un gran espacio frío, empresarial, que a los ojos del espectador se presenta de modo oblicuo, consiguiendo con ese corte cargar de tensión esta cruda (y triste) historia. Ray (Levón) es un hombre ya con sus años encima, que tuvo que rehacer su vida a partir de un oscuro episodio personal.

Su amor por Una (Jimena Pérez), cuando ella tenía solamente 12 años, lo llevó a ser condenado social y penalmente. Luego tuvo que construirse de nuevo, intentando olvidar el pasado y rehacer su sencilla vida de trabajador. El reencuentro entre los dos, cuando ambos son adultos, reabre un capítulo cerrado y pone en el tapete un tema tan polémico como urticante.

El autor, David Harrower, sabe valerse de esa trama simple (y al mismo tiempo compleja por todo lo que significa), para cargarla de matices. Una entra en acción temerosa, pero también belicosa. Llega cargada de reproches, y dispuesta a pelear. Ray se siente invadido en su ámbito laboral, y en el mundo que ha construido, al ver cómo su pasado se presenta ante él. A partir de allí comenzará todo un largo recorrido en tiempo real, en el que los protagonistas repasan todas las etapas y las analizan y reviven desde el presente.

Y tanto Levón como Pérez logran con maestría transitar las idas y vueltas de la relación. Ellos desconfían uno del otro, se disculpan, se apasionan, enloquecen, pierden la cabeza, la recuperan. Ambos actores aprovechan el texto para trabajar sobre los reveses del argumento. Tanto Levón como Pérez se muestran por momentos fuertes, y de a ratos con gran debilidad. Uno y otro personaje muestran toda la energía que necesitan, todo el vigor para encarar esa instancia crucial de sus vidas. Y a la vez los dos exhiben sus flaquezas, sus miedos, sus puntos débiles.

Todo ese juego de grises hace muy disfrutable este montaje, pese a tratar un tema oscuro. La dirección de Margarita Musto es casi invisible, cumpliendo con la máxima que dice que el buen director teatral tiene que pasar inadvertido.

Harrower, un escritor valioso llegó a Uruguay

David Harrower (Edimburgo, 1966) es un exitoso dramaturgo que actualmente vive y escribe en Glasgow. Knives in hens, estrenada en 1995 en su ciudad natal, fue su primera producción profesional. Cuando en 1997 se representó en Berlín, recibió el premio de la crítica a mejor obra extranjera, y a partir de ese momento se convirtió en un autor de gran prestigio. Blackbird, por su parte, fue escrita por encargo del Festival Internacional de Teatro de Edimburgo, y estrenada en 2005 con dirección de Peter Stein. La versión uruguaya va en la Zavala Muniz hasta el 20 de febrero, de jueves a sábados a las 21.30 horas y los domingos a las 20 horas. Entradas en Red UTS. Valen $ 300 (salvo los jueves, que valen $ 150).

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