CARLOS TAPIA
La vida de Dilma dio vueltas. Primero soñó con ser bailarina, luego se reveló contra la dictadura y tomó las armas, después estudió y se recibió de economista. Y ahora, a sus 63 años, carga sobre sí la responsabilidad de ser la sucesora de Lula.
La historia comenzó en 1929, cuando el rumano Pétar Rusév, militantes del Movimiento Comunista de su país, se convirtió en un perseguido político. Migró a Francia y allí residió hasta que el imperio de Adolf Hitler se expandió más allá de las fronteras alemanas. Decidió probar suerte en América Latina, vivió un tiempo en Argentina y luego cruzó hacia Brasil. En Belo Horizonte, la capital de Minas Garais, se enamoró de Dilma Jane da Silva, y su odisea trashumante llegó a su fin. Al tiempo "aportuganizó" su nombre, se hizo llamar Pedro Rousseff. El 14 de diciembre de 1947 la pareja tuvo su primera hija, a quien bautizaron con el mismo nombre de la madre.
La pequeña Dilma jugaba haciéndose pasar por talentosa bailarina o trapecista que realizaba las más arriesgadas piruetas. A diferencia de Luiz Inácio Lula da Silva, que se crió sumergido en la pobreza, ella era una típica niña de clase media. De todas formas, su pasaje por el mundo de las fantasías fue corto. A los 16 años, siguiendo los pasos de su padre comunista, empezó a vincularse con grupos de izquierda en el colegio secundario Estadual Central. Eran tiempos donde la efervescencia revolucionaria estaba a flor de piel.
Tiempos de guerra. En su juventud se afilió al grupo de extrema izquierda Política Operativa. Militando conoció a Claudio Galeno Linhares, quien se convirtió en su primer esposo. Él la llevó a aliarse a dos organizaciones clandestinas que resistían la dictadura militar: el Comando de Liberación Nacional y la Vanguardia Armada Revolucionaria Palmares. "Pensé que era la mejor manera de luchar por la justicia", declaró ella años después.
Louiz Macklouf Carvalho, uno de los mayores biógrafos de Dilma, sostiene que ella "jamás participó de acciones armadas", aunque el gobierno de facto le atribuyó varios crímenes y la apodaban "la Juana de Arco de la subversión". Ella misma admitió en 2010 que recibió entrenamiento militar en una chacra uruguaya cercana a la frontera.
De lo poco que se sabe de su época de guerrillera, se conoce que tuvo un papel logístico preponderante en lo que fue el mayor robo ejecutado por estas organizaciones. En 1969 un grupo armado copó la casa de la amante del ex gobernador de San Pablo, Adhemar de Barrios, y se llevaron un botín de 2,5 millones de dólares. Algunos periodistas sostienen que Dilma se encargó de administrar el dinero, pero la mandataria acusa falta de memoria cada vez que le preguntan por ello.
La ahora presidenta no tuvo suerte en el amor. El mismo año del asalto se divorció y se volvió a casar con el líder guerrillero Carlos Franklin Paixao de Arajújo, padre de su única hija, Paula, que la convirtió en abuela en septiembre pasado -el matrimonio con Carlos se terminó en 2000 por lo que la prensa brasileña definió como "problemas de infidelidades"-. En 1970, cuando aún no había cumplido lo 23 años, la policía logró atraparla.
Los primeros 20 días que estuvo en prisión fue sometida a una serie de torturas que incluyeron golpizas, electro shock y simulaciones de ahogamientos. "Nadie se imagina cuantas secreciones salen de un ser humano cuando es torturado. Porque la cantidad de líquidos que tenemos, la sangre, la orina, el excremento, aparecen de una forma más humana", declaró Dilma en una entrevista. Estuvo tras las rejas durante dos años.
Tiempos de democracia. Al salir de la cárcel se mudó a Porto Alegre e hizo aquello que su adolescencia militante no le permitió. Estudió y se convirtió en economista. En 1979, cuando se aprobó la Ley de Amnistía, volvió a la militancia, pero esta vez acatando las reglas de la política. Se afilió al Partido Democrático Laborista. En 1985 obtuvo su primer cargo. La nombraron secretaria de Hacienda de Porto Alegre. En 1990 pasó a presidir la Fundación de Economía y Estadística (órgano estadístico oficial). En 1993 se convirtió en secretaria de Energía de Río Grande do Sul, cargo que ocupó durante dos administraciones seguidas, la segunda ya representando a la bandera del Partido de los Trabajadores (PT).
En 2002, cuando Lula obtuvo la banda presidencial, su carrera política empezó a ascender a máxima velocidad. El ex mandatario la nombró ministra de Energía. "Apareció una compañera con una computadorita. Empezamos a hablar y percibí algo diferente en ella", recordó él años después. En su gestión logró terminar con el racionamiento energético y abastecer de luz a 11 millones de personas en zonas rurales, y Brasil obtuvo privadas para plantas hidroeléctricas, termodinámicas y eólicas.
En 2005 cuando los escándalos por corrupción salpicaron al PT, Lula la nombró jefa de gabinete. Allí se ganó un nuevo apodo, el de "Dama de hierro", por su carácter explosivo que según varios ministros afirmaron, off the record, que tenía. Ya en 2006 el ex presidente gritaba a viva voz que ella sería su sucesora. Además de nombrarla en cuanto acto público hubiese, le hizo ganar popularidad al ponerla al frente del Programa de Aceleración del Crecimiento, un megaplan de obras públicas, y del plan Mi Casa Mi Vida, que significó un millón de viviendas para los más carenciados. Lula también se preocupó por cambiar "la imagen de oficinista", que según él ella tenía.
Cuando todos sabían quién era Dilma, y ya la señalaban como la continuidad segura del modelo de gobierno lulista, un cáncer linfático amenazó con destruir sus planes. Ella no se rindió, ni se sometió por completo a los tratamientos que le sugerían los médicos. Renunció al reposo y resistió a meses de quimioterapia mientras seguía trabajando, hasta que la enfermedad desapareció.
El 31 de octubre de 2010, con el lema "continuar el trabajo de Lula", se convirtió en la primera mujer en ganar las elecciones en su país. Lo logró tras una campaña, en la que los votantes le recordaron que ella no es Lula -que siempre contó con gruesos porcentajes de popularidad- y la obligó a batirse a duelo con el opositor José Sierra en un balotaje. De todos modos, a partir de hoy, todo esto es historia.
Las cifras
53% Es el porcentaje con que Dilma Rousseff derrotó a su rival conservador José Serra en el balotaje del pasado 31 de octubre.
63 Es la edad de la ahora mandataria. Lula da Silva bromeó la semana pasada con ella que ya puede pensar en una reelección.
Algunas promesas a cumplir
Pobreza
La flamante mandataria petista prometió durante su campaña que cada familia tendrá una renta mayor a US$ 670. Esto implicaría una mejora económica para 59 millones de brasileños. También dijo que espera erradicar la pobreza extrema antes de los comicios de 2014.
Impuestos
Dijo que eliminará impuestos para obras de saneamiento, energía y transporte. Los economistas advierten que esto significará un peligroso riesgo fiscal.
Educación
Prometió que universalizará el pago a los profesores; esto aunque ya está estipulado hay muchos estados en los que no se cumple. Con respecto a los estudiantes, prometió un programa de becas para que los mejores alumnos de bajos recursos puedan llegar hasta el nivel terciario. También dijo que se abrirán 6.000 guarderías -lo que implica la inauguración de cuatro por día hasta que termine su período-.
Salud
Dijo que pretende aumentar los recursos asignados al sistema sanitario, y prometió hacerlo sin que crezcan las cargas impositivas.
Género
Prometió luchar para que la igualdad entre hombre y mujeres "sea una realidad en Brasil". Para empezar, ya designó ocho mujeres para ocupar cargos ministeriales.
Imagen nueva para el triunfo
Dilma Ruosseff no quería saber nada de un cambio de imagen. Pero después de curarse del cáncer linfático que padeció, y por recomendación explícita del Luiz Inacio Lula da Silva, a principio de 2009 la ahora mandataria cedió. Primero se sometió a una cirugía plástica en los párpados y luego a un "rejuvenecimiento facial". Se puso en manos de Renato Viera, conocido por operar a la española Sara Montiel.
Como resultado, Dilma obtuvo un rostro más liso y nariz estilizada. Y logró rejuvenecer unos 10 años, según precisó Ivo Pitanguy, uno de los mayores maestros del bisturí del planeta.
A estos siguieron otros cambios. Para empezar el peluquero. Celso Kamura, el preferido de las modelos brasileñas, se hizo cargo de su cabellera y la modificó por completo. Le cortó mucho pelo, le hizo un peinado más moderno y cambió su castaño oscuro por un tono mucho más rojizo. También contrató a una cosmetóloga y una maquilladora. Sus enormes anteojos se tiraron a la basura y se cambiaron por lentes de contacto.
Quién comandó estos cambios fue Joao Santiana, el mismo que se encargó de cambiarle la imagen a Lula para las elecciones de 2002.
En base a La Nación/GDA