Ana María Abel
Lic. Ciencias Familiares
A Susana y Alfredo les es difícil ponerse de acuerdo sobre el manejo del estrés provocado por las incidencias del entorno familiar. Susana no comparte la afirmación de su marido: "No es la vida moderna la que crea el estrés, somos nosotros quienes lo provocamos al elegir cómo reaccionar emocionalmente ante las exigencias externas".
Alfredo, cuando analiza especulativamente lo que ocurre en el diario vivir, finaliza casi siempre diciendo: "Todo tiene una solución alternativa. Si te aferras a que se cumpla lo que deseas en situaciones concretas y no sucede según tu modo de ver las cosas y los sucesos, surge la queja, la molestia interior, la frustración y como consecuencia el estrés". Susana no comparte la idea de que el estrés no lo produce lo que nos pasa sino lo que hacemos con lo que nos pasa. Opina, no sin razón, que en el día a día de la vida familiar se suman mil imprevistos que lo suscitan.
Ambos tienen su parte de razón y queda flotando la duda: ¿la actitud ante lo que no podemos controlar depende sólo de nuestra voluntad o se relaciona también con el carácter de cada uno y con la tonalidad optimista del entorno familiar?
Después de probar diferentes estrategias, Susana y Alfredo lograron un acuerdo respecto al manejo del estrés en casa: esforzarse por aceptar y no sólo tolerar los modos de ser y puntos de vista diferentes. Consideran que es una actitud relacionada con el respeto a la singularidad de cada miembro de la familia, respeto que facilita el que nadie se sienta culpable por pensar, opinar y actuar diferente a los demás.
Se trata de la famosa empatía: el ponerse en los zapatos del otro. Y así comprender algo mejor sus necesidades afectivas y reacciones, logrando la flexibilidad interior necesaria para la convivencia pacífica con personalidades muy variadas.
Otros medios que les dan buen resultado consiste en evitar las preguntas llenas de reproches, permitir a los demás ser diferentes, ver el lado positivo de esas diferencias que nos complementan, fomentar la sensibilidad hacia los mensaje no verbales, manifestar verdadero interés por lo que cada uno cuenta, controlar las interrupciones en la conversación, prescindir de la televisión en las comidas para compartir en ese momento las pequeñas incidencias del diario vivir.
Prevenir y liberarnos del estrés en la vida familiar supone dejar en la puerta y del lado de la calle los problemas del trabajo y entrar en casa con una sonrisa cambiando los pensamientos individualistas por otros más altruistas, que no incluyan las quejas o interpretaciones de cada situación como injusta, principalmente porque se apartan de nuestras personales y exclusivas expectativas.
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La etapa del estirón.
Esta etapa se conoce como PHV (Pico de Velocidad de Crecimiento). Es un indicador utilizado para estudiar la madurez somática del niño. La edad en la que sucede el PHV y su magnitud no se ven afectadas por la práctica de una actividad física regular.
Niños que sufren violencia.
La ONU revela el problema de niños que sufren violencia doméstica. Al menos 275 millones de niños en el mundo la padecen cada año. El 86% de los niños de 2 a 14 años sufre agresiones físicas o psicológicas, y una cantidad indeterminada se ve expuesta a violencia en la comunidad.