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Hernán Sorhuet Gelós
A medida que corren los plazos para que el gobierno se expida sobre si autoriza la ejecución del mega proyecto minero Aratirí, se diversifican los argumentos a favor y en contra.
Llama la atención que, existiendo una severa observación en el plano ambiental acerca de los grandes e irreversibles impactos que tendrá la explotación de hierro a cielo abierto en una amplia zona del territorio nacional -sumados los ocasionados por la construcción del mineroducto y el puerto en la costa atlántica de Rocha- altos jerarcas de gobierno (con el presidente a la cabeza) expresen que lo importante es darle un buen destino a las ganancias que dejará.
¿Debemos concluir que la decisión afirmativa está tomada antes que se expida el Ministerio de Medio Ambiente? ¿Tendrá algo que ver el hecho de que altos exjerarcas del gobierno anterior hoy estén contratados por la empresa privada que impulsa el proyecto en Uruguay?
Los temas de fondo son otros. Está claro que en el país la actividad minera es un rubro interesante que debe apoyarse, pero teniendo mucho cuidado con los resultados.
Una vez más insistimos en la enorme importancia que tiene priorizar el uso sustentable de nuestros recursos. Significa que, cuando se confronta la posibilidad de explotar recursos naturales renovables y no renovables, debemos ser muy cuidadosos, dándole sin titubear la prioridad a los primeros, salvo que las circunstancias específicas del proyecto considerado, justifiquen hacer la excepción. Por esta razón en absoluto es comparable la forestación con estas extracciones de minerales del subsuelo nacional.
Está claro que la minería a cielo abierto provoca graves perjuicios a recursos naturales vitales como el suelo y el agua. Para autorizar un emprendimiento de esas características el primer requisito que se debe cumplir es que tenga escasa envergadura; todo lo contrario de lo que se sabe ocurrirá con Aratirí.
En la actualidad se dispone de mucho conocimiento científico y técnico que permite prevenir daños ambientales serios, los cuales por lo general tienen un alto costo social y económico en las comunidades. Por eso, en la actualidad, la historia de la minería de hierro en nuestro país no se puede tomar como referencia y antecedentes para autorizar nuevas iniciativas.
Es lógico que la empresa defienda "a capa y espada" su negocio. Se quedará con el 90% de las ganancias, y además sabe que destruirá parte de ecosistemas uruguayos, pero llegado el momento se irá a buscar otros yacimientos por el mundo, dejándonos un pasivo ambiental que pasará a ser nuestro problema.
Demostraremos inteligencia y responsabilidad no dejando que nos encandilen las brillantes y fugaces luces del dinero fácil, y sí promoviendo estrategias de desarrollo sustentable, basadas en políticas a largo plazo, que estén por encima de los vaivenes políticos que experimente el país.
En ese sentido, necesitamos fortalecer el emblemático sello de "Uruguay Natural", entre otras cosas, no tomando decisiones contradictorias como autorizar el proyecto Aratirí.






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