La Constitución es inocente

Washington Beltrán Storace

La gente está harta de la inseguridad y, al paso que vamos, se corre el riesgo de que empiecen a marchar presos no ya los delincuentes, sino las víctimas que reaccionan con violencia cuando son agredidas. ¿Por qué un hombre honrado y de trabajo se ve en la encrucijada de tener que matar a otro para defender su vida o su familia?

El ciudadano reclama que se adopten medidas, que aseguren un mínimo de paz para sus familias, para él, para su propiedad y el papel que juega los menores infractores en esta materia, es alarmante. No tengo dudas que algo debe hacerse, pero no estoy de acuerdo con que la solución pase por modificar la Constitución, para consagrar por esa vía, la baja de la imputabilidad en determinados delitos, por la sencilla razón de que eso no es tema de la Constitución; corresponde a la ley y al gobierno que tiene mayorías parlamentarias (en este caso, además, el voto masivo de la oposición) aplicar las normas necesarias para devolver tranquilidad al pueblo. Y si es incapaz de hacerlo, si falta voluntad y decisión para cumplir con la obligación de defender a la gente, el castigo que le corresponde es que las personas o partidos que lo integran, nunca más ocupen esos cargos.

No me parece adecuado que se utilice a la Carta como lámpara de Aladino para solucionar problemas que no le atañen. La Constitución establece los derechos, deberes y garantías de los ciudadanos, la organización del Estado, sus poderes y funcionamiento y otras normas de carácter general que dan marco al dictado de leyes. Pero no las sustituye. Establecer en ella que "las personas mayores de dieciséis y menores de dieciocho años serán penalmente responsables y serán castigadas de conformidad con las disposiciones del Código Penal por la comisión intencional de los delitos de homicidio, homicidio especialmente agravado, homicidio muy especialmente agravado, lesiones graves, lesiones gravísimas, rapiña, rapiña con privación de libertad (copamiento), extorsión, secuestro y violación, así como por los demás delitos que indique la ley" como reza el proyecto elaborado por el Partido Colorado, me parece que excede el sentido de la Constitución y violenta su contenido. En el futuro también se podrán incluir las edades para el matrimonio, causales de divorcio, beneficios para buenos o malos pagadores o cualquier otro asunto. El que esté en boga y dé réditos electorales. La Constitución no es de chicle. No corresponde incluir en ellas normas concretas para cuestiones puntuales y menos asignarles efectos mágicos. Se desnaturaliza su sentido y menoscaba su jerarquía. La Constitución es inocente en este tema y el culpable -único- es el gobierno.

Es más. Para el Código de la Niñez y la Adolescencia, los menores de edad que cometen delitos son, a partir de los 13 años (inc. B del art. 74), pasibles de medidas punitivas que llegan a la privación de libertad por un plazo máximo de cinco años. No es que se le considere imputable (el artículo 34 del Código Penal establece para ello la edad de 18 años), pero su conducta puede ser sancionada en base a la responsabilidad penal juvenil. El proceso es tramitado ante una jurisdicción penal especial (Juzgados Letrados de Adolescentes) y el lugar de reclusión son centros especiales, fuera de la órbita de la Dirección Nacional de Cárceles.

El régimen, en la fría aplicación de las normas y en su comparación con la legislación de otros países, en el papel es severo. El problema es que los centros destinados a la rehabilitación y educación del menor infractor tienen puertas giratorias a su ingreso y, con la misma facilidad que se entra, se sale. Parecen casas de "alta rotatividad". Entonces, no se trata de bajar la edad de imputabilidad, sino de alojarlos en lugares seguros que terminen con el régimen hoy imperante Si ellos no existen, con la aprobación de la reforma los menores terminarán en el penal de Libertad, en el Comcar o alguna otra preciosura por el estilo, donde sufrirán todo tipo de aberraciones, harán un formidable posgrado en delincuencia y su rencor contra la sociedad se transformará en odio. Si peligroso era cuando entró, al salir será temible.

Y si los centros especiales para reclusión, reeducación y rehabilitación de los menores están construidos, son seguros y funcionan bien, no veo motivos para bajar la edad de imputabilidad (por ley) sin antes evaluar los resultados del nuevo sistema. Sí creo en la necesidad de mantener sus antecedentes cuando cumplan la mayoría de edad porque son indicios claros de su personalidad. Pero estos son temas de ahora y no para luego de las elecciones de 2014, con un agravante para los que están a favor del proyecto, ¿qué garantías hay de que ese pronunciamiento, esa expresión de soberanía popular sea respetada si vuelve a ganar el Frente Amplio? Absolutamente ninguna. Al día siguiente habrá una ley que anulará o declarará inaplicable su decisión, con el argumento de que la voluntad de la mayoría no tiene valor alguno.

Pero, más allá de ese argumento efectista (o realista), lo principal es que con reformas como esta se pauperiza la Constitución. Y no estoy dispuesto a pagar ese precio. Tengo extremo respeto por ella. Me horroriza que la devaluación que le está haciendo el gobierno, tenga su contrapartida en la oposición; unos para violarla, los otros por engordarla innecesariamente.

Por eso no pienso firmar y tampoco votar el proyecto de reforma constitucional que propone la baja de la edad de imputabilidad. Una omisión flagrante de un gobierno o su grosera ineptitud para cumplir con sus cometidos no significa que haya que cambiar la Constitución. Parece más bien que lo que hay que cambiar es el gobierno y sustituirlo por otro que respete el derecho de los ciudadanos a vivir en paz y los defienda.

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