Una diferencia entre dos adolescentes fernandinos, terminó de muy mala manera: el de 12 años le clavó un cuchillo al de 14. El incidente ocurrió fuera del liceo al que ambos jóvenes concurrían, pero la zona no es ajena a este hecho lamentable. Ya varios padres de alumnos habían manifestado su preocupación por los continuos episodios de violencia que se registran en su entorno.
Esta es una vuelta más en la espiral de violencia que involucra a la juventud uruguaya. A veces se trata de violencia desatada con motivo de la comisión de otros delitos. Hay muchos ejemplos recientes de esto. En enero dos menores de edad balearon al guarda de un ómnibus, mientras que pocos días antes un chico de 12 años hirió gravemente a un policía que trató de evitar una rapiña. Pero también se dan instancias como la que se acaba de registrar en Maldonado, donde niños y adolescentes se enfrentan con armas blancas o de fuego, protagonizando lo que poco tiempo atrás habría parecido imposible.
Es algo que debe ser revertido. Hay aquí un fenómeno multifactorial, donde se entremezclan, en muchos casos, la droga, el alcohol y la falta de valores paradigmáticos. Por tal razón se hace necesaria la intervención de todos los agentes que puedan tener relación con el asunto que nos preocupa. El Ministerio de Educación y Cultura y las autoridades de la educación que de él dependen, el INAU, el Ministerio del Interior y las autoridades policiales, el Poder Judicial, así como las comisiones especializadas del Parlamento son, evidentemente, idóneos para entrar en un gran debate sobre qué hacer ante esta verdadera tragedia que azota a lo más preciado que tenemos: la juventud.
Es justo reconocer que los casos de violencia referidos son excepcionales y ajenos a la mayoría de los menores de edad uruguayos. Sin embargo, no pueden ignorarse puesto que esa violencia está en aumento, amenazando a quienes han logrado hasta ahora mantenerse al margen de la misma. La juventud uruguaya debe seguir siendo una positiva esperanza de futuro y por tal motivo hoy importa reaccionar en tiempo y forma ante las aberraciones que describimos en los párrafos precedentes.