Un concurrido bar de Pocitos fue multado por ruidos molestos y luego, como no se avenía a reducir los decibeles que emitía, fue clausurado por cierto lapso. Si los decibeles se hubieran llevado a un nivel musical por debajo de los 39 a 53 reglamentarios, no habría habido problema, pero las mediciones, desde viviendas vecinas, superaron los 65 y nunca bajaron de 62.
Es de esperar que la medida dispuesta por la Intendencia de Montevideo le haga cambiar el curso sonoro al local en cuestión y que el episodio sirva para que otros pongan sus bardas en remojo.
Montevideo es una ciudad ruidosa y no sólo debido a circunstancias como la expuesta. El rugido constante de los ómnibus no dotados de silenciadores adecuados y el petardear de miles de motos, son un par de los factores que adicionan incomodidad sonora.
Es importante señalar que la contaminación auditiva no es además una mera molestia. Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), un nivel de ruido que supere los 70 decibeles resulta muy molesto, pero si supera los 90 decibeles pasa a ser dañino y este tipo de daño es irreversible.
Según la OMS, hay en todo el mundo 120 millones de personas con problemas auditivos causados por estar o haber estado expuestos a grandes niveles de contaminación sonora. Además, estas exposiciones causan estrés por ruido, problemas para conciliar el sueño o insomnio, depresión, ansiedad, irritabilidad y agresividad.
En momentos que se inicia la temporada estival, cuando se multiplican los lugares nocturnos ruidosos, luce oportuno hacer un llamado a que sean respetadas las más elementales normas de convivencia. Se trata de la salud y calidad de vida de todos.