JAVIER GARCÍA
La presidenta de Finlandia, Tarja Halonen, dijo hace tiempo que la fórmula de su país para pasar de ser un país agrícola que solo exportaba madera a ser un exportador de alta tecnología era muy simple: educación, educación y educación. Andrés Oppenheimer la entrevistó para su libro "¡Basta de Historias!".
El día que asumió, el presidente Mujica repitió esa frase, aunque no mencionó el origen.
La realidad nos golpeó esta semana al conocerse los resultados de las pruebas PISA que realiza la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico. Mide a lo muchachos de 15 años en tres áreas: ciencias, matemáticas y comprensión lectora en 65 países. Uruguay está en el tercio inferior de la tabla, cayó además del puesto 39 al 47 entre el 2006 y el 2009, y lo más preocupante: aumentó la brecha entre los que estudian en liceos privados y los que lo hacen en públicos: aumentó la desigualdad y la inequidad. En ese período el presupuesto de la enseñanza aumentó considerablemente en nuestro país, se llevó a cifras que se aproximan al mítico 4,5% del PBI y algunos ya piden el 6%. En ese mismo tramo la economía registró índices históricos de bonanza, y la estabilidad política, oficialismo con mayoría absoluta, es notoria. La caída en la calidad de la educación no es fruto de una crisis. Se destinó más plata pero tenemos peor educación y más desigual. La distribución de la "riqueza" educativa es regresiva e injusta, y todo ello con un gobierno "progresista" y que dice que mejoró la distribución de los bienes e hizo justicia. Mentira.
En el gobierno del Frente Amplio se consolidaron dos sistemas educativos: uno para pobres, el público, y otro para ricos o por lo menos para quienes tienen más posibilidades: el privado. Así de simple. Si una familia puede mandar a sus hijos a un colegio su futuro será de progreso y si termina en una escuela o liceo público la mano será complicada. Con el FA este es el resultado. ¿Qué hacen los países que andan bien? Se preocupan de los estudiantes: los exigen, les dan más horas de clases, no tienen 3 meses de vacaciones donde los niños en su mayoría no tienen donde ir y se pasan en la calle, les enseñan inglés en la enseñanza pública y premian la creación y la innovación. Abren las puertas a instituciones y docentes del exterior que traen experiencias y métodos nuevos, apuestan a posgrados y maestrías, no le temen a la educación privada, diversifican la oferta educativa, se vinculan con el sector productivo y empresarial, entre otras cosas.
Acá, sin embargo, el tema es ADEOM mientras se paraliza el país viendo a la intendenta Olivera ordenando…recoger la basura. En otros la discusión es qué producto se saca de los residuos: si energía o si materiales que sustituyan el plástico y no contaminen. Ahí a nadie se le ocurre dejar de recoger la basura, eso es un atentado a la salud… y a la economía.
Los políticos no son modernos y populares por vestir remera o hablar canchero, lo son si apuestan a la educación. Si les importa más el futuro de los muchachos que el pasado de ellos. Si se dedican a la democracia de hoy y no las dictaduras de hace cuarenta años.