Con la marca de John Wayne

| Remake. Joel y Ethan Coen adaptaron la novela que dio pie a la famosa "Temple de acero"

 20101205 800x600

Con un sutil aire de interés, que ya es la marca de fábrica de Joel y Ethan Coen, un cartel fuera de la casa de Paramount Pictures en Los Angeles promociona "Temple de acero" con una promesa: "La revancha esta Navidad".

Tal vez la película ponga en el tapete algunos viejos asuntos en el mundo del cine. Es un western con Jeff Bridges, Matt Damon y Josh Brolin de protagonistas y fue adaptado por los Coen de la novela homónima de 1968 de Charles Portis. Es una historia de la venganza, con corazón, de Mattie Ross, una chica de 14 años de Arkansas, interpretada aquí por la recién llegada Hailee Steinfeld. La chica contrata a un alguacil, Rooster Cogburn, interpretado por Bridges, para perseguir al asesino de su padre (Brolin, cuyo personaje es Tom Chaney).

Con su estreno el 22 de diciembre, Temple de acero se convierte en la última entrada grande en una ya poblada carrera por el Oscar que ya incluye competidores como La red social, 127 horas y The king`s speech. Pero ese es un asunto menor, porque en realidad, la película de los Coen está condenada a despertar los recuerdos de otra película, Temple de acero (la versión original) y una anterior competencia por el Oscar. John Wayne, con su carrera ya avanzada, ganó su único Oscar por encarnar a Cogburn. Ese premio dividió ferozmente a aquellos que vieron justicia de los que se disgustaron porque veían a Temple de acero, la de 1969, como el último suspiro de un Hollywood atado a su propio pasado.

"Fue un Oscar de compromiso", dijo el productor Robert Evans cuando se le preguntó recientemente sobre el premio a Mejor Actor que recibió Wayne. Evans era jefe de producción en la Paramount por aquellos años, aunque esta película haya sido producida de forma independiente sin interferencia de los estudios. Aparte de la nominación para Wayne, el film solo fue postulado por la música compuesta por Elmer Bernstein y Don Black, cosa que perdieron ante la canción de Butch Cassidy (solo una de las tan- tas películas que estaban reescribiendo la escena cinematográfica, mientras Hollywood aún estaba obsesionada con Wayne).

La mejor película de ese año fue Perdidos en la noche, el arriesgado estudio de John Schlesinger sobre la vida callejera en Manhattan. También fue el año de las grandes declaraciones contraculturales como Busco mi destino, Perspectivas, Déjennos vivir, Los años verdes, Si…, Baile de ilusiones, La pandilla salvaje y otras. Ante todo eso, la Paramount hizo lo que muchos vieron como un tosco intento de ubicar a Temple de acero como parte de la revolución.

En algunos avisos había alusiones aparentes a la fuerza feminista mostrada por Mattie Ross, interpretada por la actriz televisiva Kim Darby. Las notas de producción del estudio la describían como "alegre". En su magra y mezquina remake, los Coen incluyen una heroína joven mucho más feroz, embebida en lo que ellos mismos describieron como un rígido protestantismo.

"Los malvados escapan cuando nadie los persigue", dice una cita al comienzo del film, tomada del libro de Proverbios. Con eso ya se marca el tono de la nueva película.

Inevitablemente John Way-ne, curtido y pasado de peso, se robaba Temple de acero. Usaba un parche en el ojo y lo interpretaba de tal manera que un crítico del New York Times, docente de secundaria, comparaba con la interpretación que hizo Wallace Beery de Long John Silver en La isla del tesoro. Si Beery llegó a la cima, Wayne fue más allá.

En la revista The New Republic, Stanley Kaufman dijo de la novela original: "Aunque sea corta, le sobra un tercio". Describió, además, al director Henry Hathaway como un "viejo caballo de trabajo que no ha tenido una idea nueva en toda su carrera".

El presidente Richard Nixon, cuya campaña fue promovida por Wayne, pensaba aparentemente algo distinto si se puede tomar como referencia un atisbo de una conversación que se grabó en su oficina. Greg Cumming, archivista de la Biblioteca Nixon, decía que la calidad de esa grabación era mala, pero que se podía escuchar a Nixon discutiendo Temple de acero con su jefe de equipo. Hablaban sobre alguien que se iba cubierto de gloria. Por supuesto, Wayne hizo unas diez películas más, incluyendo la secuela de Temple de acero, El alguacil del diablo, de 1975.

Los Coen aseguran que apenas recuerdan haber visto la primera película cuando jóvenes y que no la vieron para preparar esta versión. "No hicimos los deberes", dice Ethan. Joel explica que se interesaron por la novela algunos años atrás luego de habérsela "releído en voz alta a mi hijo".

Ninguna película de John Wayne "podría reflejar la sensibilidad ácida" del libro, según Joel. Así que los hermanos, escritor y director, responsables de convertir la historia de un asesino psicópata de Cormac McCarthy en la película ganadora del Oscar Sin lugar para los débiles, se enfocaron en esta otra novela. Y al atravesar el núcleo duro de western que tiene el libro, tal vez hayan encontrado ese aspecto cool que lo eludió durante 42 años.

Visiones: Los Coen le dieron a su heroína y a su película un aire religioso intencional.

Un Oscar tardío y una escena eliminada

Mientras promocionaba Temple de acero en un tren viejo que iba de Denver a Salt Lake City, Wayne bebió libremente al tiempo que atendía a los periodistas. En el momento en que un grupo de indios asaltó el tren, en un acto orquestado por los estudios para darle color a la promoción, "Wayne ya estaba cargado", según palabras del productor Robert Rehme, quien trabajaba como gestor de publicidad.

Hollywood se lo comió crudo.

El 18 de mayo de 1969, casi once meses antes de la ceremonia del Oscar, un artículo en el diario The Hollywood Reporter aseguraba que la película era "una apuesta masiva para cerrar los cuarenta años de estrellato de Wayne con un Oscar". Dos días antes un tributo a los cuarenta años de carrera de Wayne había reunido a potenciales votantes para el Oscar. Cuando se acercaban los premios, tiempo después, Wayne era señalado como un "favorito sentimental".

Otros cinéfilos no se dejaron encantar tanto, especialmente cuando vieron la película a través del filtro de las políticas de la era de Vietnam y los principios conservadores de Wayne. Se decía que esto era ilustrado en la escena en que Cogburn dispara a una rata luego de demostrar lo inútil que era juzgarla (escena que la nueva película omite).

¿Encontraste un error?

Reportar

Te puede interesar