El enojo de Gelman

Antonio Mercader

El poeta Juan Gelman sigue enojado con los uruguayos. Hace más de una década se lanzó contra el entonces presidente Sanguinetti y sus colaboradores a quienes les dijo de todo. Desde entonces no paró. Está irritado con Uruguay y lleva el agravio a flor de labios como lo prueba su última embestida, la semana pasada, cuando atacó al secretario de la presidencia, Alberto Breccia "No tengo el disgusto de conocerlo", declaró con literaria facilidad para acuñar retruécanos.

Ahora está molesto con El País y otros diarios que revelaron que la familia Gelman pedía una indemnización al Estado uruguayo. Según Gelman eso no es verdad, pero en el escrito presentado por sus abogados ante la Corte Interamericana de Derechos Humanos el 25 de abril de 2010 sí la pidieron. En ese "escrito de solicitudes y argumentos" los Gelman, en calidad de "presuntas víctimas", exigen el pago de daños y perjuicios, un reclamo desglosado en varios rubros, entre ellos el daño moral "por supresión de identidad" y los gastos de los abogados.

Aunque la cifra requerida oscila en torno a los 700.000 dólares, con las actualizaciones del caso el monto final podría triplicarse.

Atención: nadie discute la legitimidad de los sentimientos de Juan Gelman, cuyo hijo fue asesinado en Buenos Aires en 1976, y cuya nuera María Claudia García, embarazada, fue traída a Uruguay en donde dio a luz a una niña, Macarena, quien fue entregada a unos "padres sustitutos". Años después, Macarena conoció su real identidad y a su auténtica familia. Es una historia sobrecogedora -prueba de la crueldad de las dictaduras platenses- que sólo puede inspirar sentimientos de solidaridad hacia sus víctimas.

En esa línea, la búsqueda de los restos de la madre de Macarena -algo que los Gelman no cesan de reclamar- se convirtió en los últimos años en una obsesión nacional y en una fuente de decepciones. ¿Quién no recuerda el fiasco en que concluyó aquella procesión de Macarena junto a un comandante del Ejército nacional hacia la posible tumba de su madre? ¿Cómo ignorar el sufrimiento de esa jovencita?

Sin embargo, aun tomando en cuenta todo eso, la actitud de Gelman pasa de castaño oscuro. Azote de Sanguinetti primero, su posterior satisfacción con Batlle y su gobierno se enturbió después, algo que se repitió durante el mandato de Vázquez en donde el escritor volvió a los reproches, cosa en la que reincidió con Breccia la semana pasada. Es que Gelman nunca quedó conforme con nuestro país. La ley de caducidad le resulta incomprensible al igual que los escollos surgidos en la pesquisa para hallar los restos de su nuera, razón por la cual optó por denunciar a Uruguay ante la Corte.

En ancas de su fama literaria, Gelman viene pregonando a los cuatro vientos sus críticas contra Uruguay, sus gobernantes y su forma de cerrar las heridas del pasado. Debido a la desgracia que se abatió sobre su familia todo puede comprenderse, pero cuesta digerir ese reclamo de indemnización económica mientras se invocan los principios de justicia y la defensa de los derechos humanos. Un reclamo que se hizo y que ahora se niega, quién sabe por qué.

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