EE.UU. y su lucha secreta al terrorismo

Informe. Tras 2001, creó un sistema de inteligencia masivo con un millón de funcionarios

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DANIEL HERRERA LUSSICH

En WASHINGTON

CORRESPONSAL PERMANENTE

Tras los atentados del 11 de septiembre del 2001, se creó en el área de seguridad e inteligencia un gigante sin control con casi un millón de funcionarios y gastos exorbitantes.

"El mundo de alto secreto, creado por el gobierno como respuesta a los ataques terroristas del 11 de setiembre 2001, se ha convertido en algo tan gigantesco, tan difícil de manejar y tan confidencial que nadie sabe cuánto dinero cuesta, el número aproximado de empleados, los programas que abarca y no puede ocultar que múltiples agencias superponen idéntica función", esta frase pertenece a un trabajo de investigación, realizado por dos años, por el "The Washington Post".

En tanto el secretario de Defensa, Robert Gates, figura que ocupa el cargo desde el período de George W. Bush y que ha anunciado su alejamiento en el 2011, en recientes declaraciones sostuvo que "la política del gobierno es evitar el ingresar en nuevas guerras e invasiones, nuestra idea es luchar contra el terrorismo adiestrando y reforzando los efectivos de cada país que se ve azotado por las fuerzas extremistas, es un proyecto que cada día gana más adeptos en la Casa Blanca. En el caso de Yemen o Somalia se les dará los recursos y se les preparará para que sean ellos los responsables de terminar con el problema".

En distintas conversaciones mantenidas con voceros del anterior y del actual gobierno y periodistas se confirma plenamente el análisis de lo que el matutino de DC denomina "Top Secret America". A esta altura, nueve años después, nadie o un mínimo de expertos puede asegurar un 100% de efectividad a través de un " aparato" de seguridad nacional, de inteligencia, contraterrorismo, tan masivo, tan disperso dentro del territorio estadounidense y que elabora tal cantidad de informes a diario.

La magnitud de todas las dependencias en la lucha antiterrorista surge sola cuando se menciona que hay 1271 oficinas oficiales y 2000 empresas privadas dedicadas en más de 10 mil lugares en todo el país. Y todo ese monstruoso conglomerado despierta dudas en ciertos sectores y muchas veces es blanco de severas críticas. El presupuesto de estos servicios es enorme, el año pasado se ubicó la cifra en US$ 75 mil millones. Antes el Congreso había votado sumas importantísimas en forma escalonada.

"Ha crecido tanto, tanto, en menos de una década, que no existe una sola persona que tenga una noción exacta de los lugares donde se ubican las principales dependencias y el nombre de la totalidad de los jerarcas, el secreto es tan rígido que compañeros de filas, y mismo de edificio, no tienen idea la misión del hombre al cual saludan marcialmente a diario cuando se cruzan en los interminables corredores", explica un informante habitual del Pentágono. "Por eso nadie aventura nada sobre determinadas misiones ni da seguridades de éxito", agrega. Pero hay una prueba casi concluyente, en 9 años no se han registrado atentados importantes en EE.UU. luego del ataque a los Torres Gemelas y al Pentágono.

Los estudios indican que alrededor de 900.000 personas integran las nominas dedicas al "Top Secret". La mayoría trabaja en la ciudad de Washington y en estados limítrofes, Maryland y Virginia. Luego, en menor volumen, hay oficinas a lo largo y ancho del país. Unos son gigantescos edificios, otros simples urbanizaciones, en apariencia habitadas por familias de clase media americana, lo que parece ser una granja o casas de descanso en tranquilos parques.

Un dato que coloca en tela de juicio que nada escapa a los controles contraterroristas radica en que ese gigante está obligado a filtrar los 50 mil informes anuales. Todo tendría que pasar por los servicios de inteligencia para ser revisado, establecer datos similares, seguir los papeles que puedan despertar sospechas, poner en marcha los engranajes que siguen a esa indagatoria. Pero la realidad ha comprobado que muchas veces carpetas voluminosas son ignoradas y van directamente a estanterías o cajones con el rótulo de "sin controlar". Y allí quedan largo tiempo.

Otro aspecto clave es el referido al trasiego de fondos de los grupos terroristas. Hay en EE.UU. 51 agencias federales y mandos militares en 15 ciudades dedicados exclusivamente las 24 horas a seguir los rastros de movimientos de dinero que pueden ir o vienen de manos extremistas.

Hasta no hace mucho tiempo se estimaba que la política de mantener a los "terroristas" acosados en su tierra de origen evitaba cualquier intento de atacar lugares claves americanos. Pero el tiroteo provocado por un oficial, de origen islámico, que dejó el saldo de 13 muertos y varios heridos, el intento en la noche de Navidad de hacer detonar una bomba en pleno Nueva York, en Times Square, o el joven pasajero nigeriano que descubrieron cuando su compañero de asiento vio salir humo de su ropa en un vuelo proveniente de Amsterdam, despertó nuevamente gran inquietud y se acentuaron los controles.

Durante una entrevista el secretario de Defensa, Robert Gates, que ocupa el cargo desde la época de George W. Bush, reconoció que "ha habido un crecimiento desde el 2001 tan grande que es imposible abarcar todas las tareas. Y lo mismo ocurre en la Dirección Nacional de Inteligencia, la CIA".

El director de la CIA, León Panetta, reconoció que "los niveles de gasto desde los atentados no son sostenibles, debemos trabajar en base a otros planes que permitan bajar sustancialmente los compromisos actuales".

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