Hay un vínculo creado por la prensa entre Christina Aguilera y Lindsay Lohan. Y no se trata de que ambas canten o aparezcan en películas, sino de que las dos han sido envueltas en rumores en estos días y relacionadas de formas casi caprichosas.
La semana pasada se divulgó que Aguilera está en pleno proceso de divorcio. Al mismo tiempo Lindsay Lohan volvía a enfrentar al juez por su vieja historia de alcoholismo, drogas e intentos de rehabilitación. Debido a la popularidad de las dos, ha sido inevitable que se hayan convertido en las protagonistas de los titulares de todas las revistas y programas de chimentos. En medio de la vorágine informativa, donde muchos opinólogos hacían malabares con suposiciones, apareció la versión que decía que Christina Aguilera se había divorciado porque tuvo un romance lésbico con Samantha Ronson, una Dj que estuvo realmente en pareja con Lohan.
La simple idea de que Aguilera, quien ha explotado cierto perfil de bomba sexual de baja estatura, ocultara una lesbiana en su ropero prendió con fuerza. No era un mal concepto para mantener vivo el teleteatro de las celebridades escandalosas, tan lucrativo, como hemos comprobado una y mil veces.
Pero era mentira. Y era la prueba de que el viejo dicho de que "A río revuelto, ganancia de pescador", se aplica perfectamente a estos ambientes faranduleros. Quien sepa cómo lanzar un rumor o directamente una noticia falsa entre tanta confusión y luego capitalizarlo, podrá sacar buenos dividendos. Y, como corresponde, la moral y la ética quedan fuera de todo este circuito.
También se dijo que había dejado a su marido por feo y que él le pegó. Una foto reciente la mostró con una herida en el labio, lo que desató la idea de que hubo violencia doméstica oculta, cosa que prendió con la misma fuerza. Todo fue desmentido. Los juicios y titulares apresurados sólo sirven a esos pescadores que saben cómo agitar las aguas. Lo demás no importa.