Copiapó explotó con la llegada del primer minero

ENVIADO / RAÚL MERNIES

Esta noche, la avenida principal resplandecía gracias a la red de luces que la alcaldía instaló a lo largo del camino que debía recorrer la ambulancia que traiga a los mineros y a la vuelta de la manzana del hospital, las centenas de banderas se agitaban desde temprano al son de las bocinas en las veredas, y hasta las pelucas multicolores que llevaban puestas la mayoría de los jóvenes.

Pero el show de luces no se terminaba ahí. Decenas de patrulleros verdes y blancos con las sirenas prendidas, ambulancias, camiones de bomberos y alguna luz psicodélica agitada por un grupo de niñas hizo de la espera una fiesta.

Hacía mucho frío y el café era moneda corriente, pero al canto de: "Chi-chi-chi, le-le-le, los mineros de Chi-le", los grupos de familiares y amigos que se acercaron hasta la puerta misma del centro asistencial en el que los mineros estarán internados durante 48 horas se las ingeniaron para sacarse el frío.

Dos pequeños televisores rodeados de decenas de personas eran el único medio de información al que se podía acceder desde las veredas del sanatorio para saber qué estaba pasando en la mina.

En el centro de la ciudad, dos pantallas gigantes trasmitían imágenes en vivo y cada noticia del avance o retroceso de la operación generaba que la multitud se agitara y, por un instante, perdiera el frío.

Esperanza y fervor y júbilo eran los factores comunes entre los vecinos, familiares, amigos, prensa y hasta los propios policías que llenan las calles de Copiapó en la madrugada uruguaya.

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