El 23 de setiembre El País informó ampliamente sobre el vandalismo que se ha desatado sobre Carrasco. Hurtos en las casas, rapiñas por la calle a plena luz del día, copamientos, homicidios, y particularmente el atraco a un restaurante muy acreditado de la zona, que da sobre la calle San Marino, en el límite entre Carrasco y Punta Gorda. Lamentablemente no es novedad, y cosas peores han sucedido en otras zonas urbanas de Montevideo y de todo el país. Hay negocios, en barrios de gente humilde, que han tenido que cerrar por la continuidad de los robos a mano armada, y en muchos casos, con víctimas de lesiones graves y hasta de asesinatos.
Carrasco ofrece para el delincuente el atractivo especial de su fama de ser residencia de familias con mayor poder adquisitivo, pero tampoco es esta una característica constante, porque todo es relativo. Y además, esa condición también opera en contrario a la tentación para el delito, pues los cuidados y las defensas -alarmas, vallados eléctricos, perros guardianes de razas agresivas- son también mayores.
El caso de "Los Francesitos" conmovió a quienes conocen el comercio, muy tradicional, que ofrece servicios reconocidos de comida casera y sencilla, montado por una familia que además trabaja a la par de sus empleados. Es el tercer asalto que han sufrido. Al primero, hace ya un par de décadas, lo recuerda el propietario como el día de su segundo nacimiento porque le gatillaron dos veces un revólver sobre su cabeza, sin que saliera la bala.
En ocasión del segundo, la hija del matrimonio empresario fue duramente castigada sufriendo graves golpes en la cabeza. En esta última oportunidad, balearon al hijo en un hombro con el riesgo que le afecte la columna y quede parapléjico. Se queja el dueño que la policía llegó tarde y no extremó averiguaciones. Hay que precisar que se ha informado que la seccional policial con jurisdicción en esa parte de la ciudad tiene un solo coche patrulla, y además, prestado a su similar de Pocitos. También hay que decir que "Los Francesitos" al no aceptar tarjetas de crédito -es un derecho del comerciante, no se le puede objetar nada- estimula al delincuente que actúa a sabiendas que va a encontrarse con clientela con dinero en el bolsillo. Y está ubicado en la zona crítica.
Lo cierto es que el episodio impactó, y queda como un ejemplo más que tiene atemorizada a la gente de los alrededores y del propio otrora más conceptuado balneario capitalino.
De todas maneras, cabe destacar que en el transcurso de lo que va del período de gobierno, el Ministerio del Interior está demostrando diligencia y sensibilidad en atender a la plaga de la inseguridad. El pedido público de disculpas de sus autoridades por el asesinato por parte de policías a una persona que corría "picadas" sin que se justificara el homicidio, es sólo un índice de seriedad de la gestión, como también lo es el tratamiento presupuestal que se anuncia para mejorar los recursos humanos y el mejor equipamiento de los servicios.
Desde la época en que el Esc. Guillermo Stirling ocupó la titularidad de la Secretaría de Estado no recordamos motivos para abrir una carta de crédito como se intuye que puede haberlos hoy. La sola actitud, la gestualidad del gobierno, parece contrastar abiertamente con la pobre gestión de los ministros socialistas que le precedieron. Bonomi, de presencia mediática habitual, se expresa con seriedad y convence. Y conste que no es nuestra intención, fundamentalmente porque no corresponde, la de interferir en la interna en que se debate el Frente Amplio al destaparse la serie de sucesos infelices ya comprobados y en estado de averiguación pero levantando fuertes sospechas de irregularidades, ocurridos bajo la presidencia de Tabaré Vázquez.
Ese no es el problema que le interesa prioritariamente a la población. Lo que sí importa es que el cuidado de su seguridad esté a cargo de quienes merezcan confianza.
Ojalá sea así.