Un duro cruce de palabras se produjo en la Asamblea General. entre el senador Lacalle y el diputado colorado Fernando Amado, que dijo que el Parlamento estaba "de vacaciones" en febrero de 1973. Bordaberry lo desautorizó y pidió disculpas.
Cuando a las 13.30 horas se inició ayer la Asamblea General para celebrar el Día Internacional de la Democracia, nada hacía pronosticar el enfrentamiento que se produciría unos minutos después. Tras los discursos de la senadora frenteamplista Constanza Moreira y del nacionalista Luis Alberto Lacalle, tomó la palabra Fernando Amado en nombre del Partido Colorado.
El diputado -hijo del ex comandante en jefe del Ejército Fernán Amado (1998 y 1999)- habló del "largo período de dictadura". Criticó al Parlamento por no haber estado "a la altura de las circunstancias" y haber permanecido "omiso" en "aquel febrero amargo del 73", cuando los militares profundizaron su escalada para tomar el poder.
"Mientras el sistema institucional democrático vivía horas trágicas, el Parlamento no se reunió, no se autoconvocó, ni siquiera tuvo el reflejo de transformarse en el último bastión en la lucha por el mantenimiento democrático. Por el contrario, el Parlamento no hizo nada y siguió de vacaciones. No sé si haciendo playa, pero la realidad es que no hizo nada", dijo Amado, de 27 años.
Fue entonces que, muy irritado, el senador nacionalista Luis Alberto Lacalle saltó de su silla y, golpeando la banca, le respondió a Amado a los gritos: "No le permito. No apoyado, no apoyado. Yo me quedé acá, eso es mentira". Lacalle y el frenteamplista Carlos Baráibar son los dos legisladores actuales que también estaban en 1973.
Sin modificar un ápice su tono de voz, Amado pidió al vicepresidente Danilo Astori que lo amparara en el uso de la palabra. Astori tocó el timbre y pidió que "se siga escuchando al orador". Hubo silencio y Amado completó su idea: "El Parlamento debió haber actuado, debió haber estado en sesión permanente en la primera línea de batalla frente a lo que se avecinaba. No he escuchado nunca un mea culpa en este sentido".
Pero la gran sorpresa vendría unos minutos después. Cuando todavía hablaba Amado, el senador y secretario general colorado Pedro Bordaberry se paró de su lugar, cruzó toda la sala y le dio la mano a Lacalle, que estaba sentado en primera fila.
"Disculpas. Yo no hago los discursos a nadie. Ahora me retiro de sala", le dijo Bordaberry a Lacalle, según contaron a El País varios legisladores blancos que estaban cerca. Un rato después Bordaberry escribió en su cuenta de Twitter: "Respeto el derecho de fernando de decir lo q le parezca, pero c/algunas cosas no coincido". Al rato escribió otro mensaje: "Quien se equivoca y no lo reconoce, se equivoca dos veces".
Bordaberry y Amado se reunieron a las 17 horas en el despacho del senador y aclararon los tantos. "Miramos hacia adelante; como corresponde a esta casa", contó Bordaberry desde Twitter. Pero no fue el único que se retiró de sala. Mientras hablaba Amado, el senador blanco Jorge Larrañaga comentó en voz alta: "¿Qué se piensa este diputado? Yo no sigo acá". Y se retiró. Con menos efusividad, también hubo comentarios de desaprobación desde la bancada del Frente Amplio.
Entre los legisladores de Vamos Uruguay quedó la sensación de que Bordaberry generó un hecho fuerte que "habla por sí solo", pero muchos se sorprendieron y hasta se molestaron por los dichos de Amado. Algunos siguieron los pasos de su líder y saludaron a Lacalle, como los diputados Gustavo Cersósimo y Martha Montaner. Ya con los ánimos más tranquilos, Lacalle dijo que él "hizo lo que podía" en 1973 y que "no fue mansamente aceptado" lo que sucedió.
La charla de Pedro y Amado
Dos horas después de la Asamblea General sonó el teléfono en el despacho de Fernando Amado. "Pedro (Bordaberry) pide que cruces a verlo", le informaron al diputado. La tensa reunión duró unos veinte minutos, donde cada uno marcó su posición y al final se dio el incidente por superado. "Fue un diálogo franco de dos hombres políticos. Está todo bien y seguiré laburando en Vamos Uruguay", aseguró Amado.