Reclamar trabajando

No hay que ser adivino para suponer que al genial Julio Bocca le queda poco tiempo en el Sodre. Al haber anunciado no estar dispuesto a aceptar una cancelación más de funciones por causa de paros sorpresivos, se inició el inevitable camino de su despedida. Porque el pobre Bocca pretende que los reclamos no le falten el respeto al público. Se enfrenta a la cabecita de Afusodre que "privilegia el derecho a la manifestación de los trabajadores" a la exigencia del trabajo. Afusodre no está dispuesta a entender cómo funciona el mundo, y antes que cambiar en un sentido de exigencia, prefiere que Bocca se vaya. Será otro testimonio más de la tragedia del país: contemplar como las corporaciones liquidan los esfuerzos por tener un país de primera. Adivine: ¿de qué lado estará el gobierno?

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