Los jóvenes y el delito. Un debate instalado: penas más duras, una reclusión segura, o crisis de valores Muchos de quienes sufrieron el ataque de un menor no tienen respuestas | Los jóvenes y el delito. El caso de "El Maikol" conmovió a Paysandú Las medidas de seguridad del INAU son cuestionadas Muchas víctimas temen represalias cuando el menor regrese al barrio | Los jóvenes y el delito. Se reclama que la Justicia actúe contra los padres También se cuestiona al sistema educativo, que no retiene a los jóvenes "El sistema falla", sostiene el fiscal Zubía
Es un tizón en manos del gobierno. Las demandas ciudadanas para hacer algo con los menores violentos se sienten en todos los rincones del país. Perplejidad, impotencia, temor y un arco de reclamos.
Muchos consideran que hay que atacar la cuestión de los valores y la familia, otros reclaman más severidad en las penas y, sobre todo, una reclusión eficaz. Desde la indefensión personal, las víctimas no saben a quién culpar: si a las leyes benignas, a los jueces que las aplican, al sistema penal de menores, a la pasta base, a la Policía o a la falta de una red de contención social y educativa que restablezca valores sociales.
La mayoría cree que estos menores peligrosos deben mantener sus antecedentes policiales a la mayoría de edad. Muchos conviven con el recuerdo del mal momento o con el dolor de un desenlace trágico. Hay testimonios de víctimas en todo el país.
Comercios. Los locales de celulares o de cámaras fotográficas son de especial atracción para los menores, pero cualquier pequeño comercio es un fácil blanco para el ataque.
Andrés Sosa, posee casa de fotografía y venta de accesorios en pleno centro de Mercedes. En 2009, tuvo tres robos seguidos protagonizados por menores. "Rompieron con piedras la vidriera para luego meter sus manos para sacar nuestros productos, que son cámaras y celulares, que es lo que más le interesa a ellos", relató. Optamos por poner rejas y bajar una persiana aunque la mercadería no luce como debe", señaló.
Ahora sus vidrieras se han empobrecido en oferta de productos y muestra muchas cajas vacías para minimizar las pérdidas.
Sosa cree que la delincuencia juvenil es "un problema social" pero asume que el ciudadano común no lo puede resolver. "Ello tiene que estar en manos de profesionales que saben qué hacer. Alguien tiene que saber que hacer con estos chicos", estimó. "Ahora nos estamos defendiendo con rejas, con reuniones a las que estoy cansado de concurrir, porque no sucede nada", alega.
Cuando junto a otros ha golpeado las puertas de la Policía se encuentra con las mismas respuestas: "No hay combustible, se rompen los vehículos policiales y cuando el patrullero está a una cuadra igual roban".
No se juega a que el problema se solucione con penas más severas. "Hay que ver dónde están los padres", señala. No cree que sea solamente un tema de pobreza; quienes lo robaron son "de familia bien".
"El INAU tendría que ser más fuerte, tener estos chicos más tiempo encerrados", dice. Pero rebobina: "No sé realmente si sería la solución. Yo no sé por qué llegamos a esto, habría que buscar el por qué. No creo que sean la Policía o el INAU los responsables, yo creo que es más profundo", afirma sin saber bien hacia dónde apuntar.
Para Eduardo Romero, víctima de varias asaltos en sus locales de venta de celulares en Las Piedras los antecedentes de los menores deben conservarse "especialmente cuando son casos reiterados o violentos".
"El Pelé". Otro blanco "fácil" son las mujeres. Sara y Alejandra son dos de las últimas víctimas en Salto de robos con lesiones a manos de un infanto juvenil que ya es casi legendario: El Pelé.
Este menor, con decenas de anotaciones policiales, fue capturado una vez más y lo mandaron a Montevideo: por 6 delitos entre el 24 y 28 de agosto pasado le dieron 60 días de reclusión.
Como otras víctimas, Sara y Alejandra temen represalias si los chicos regresan a la ciudad.
Sara, que vive en la zona este de Salto, se desplazaba el pasado sábado 28 por la noche en su moto por la calle Brasil con su cartera al hombro. De pronto, desde la parte delantera de un vehículo estacionado la interceptó "El Pelé", le arrebató la cartera, la arrojó al piso, la arrastró por el pavimento unos 10 metros sin atender ruegos.
"Evidentemente, el problema de la delincuencia de los menores se resuelve con penas más severas", sostiene Sara.
Cree que los menores delinquen, "porque es lo único que saben hacer y porque las leyes los protegen". Ve a la Policía las más de las veces "burlada" por estos menores que saben que están dos horas en la Comisaría y vuelven a sus casas.
"A la policía hay que darle más respaldo y los vecinos tenemos que apoyarlos. Del INAU no da para hablar", dijo Sara que cree que los antecedentes deben ser mantenidos. "Qué pasa en la sociedad con un muchacho que ha cometido 50 delitos? ¿Borramos y empezamos de vuelta?", señala.
Alejandra, también de Salto, es otra víctima de "El Pelé" (ver nota en la página A 7)
"En qué cabeza cabe que a un menor infractor con 60 o más anotaciones se le borre todo cuando cumpla los 18 años. Deben conservarse", sostiene.
Sara y Alejandra comparten un mismo temor. El regreso del infractor y las posibles represalias.
Muertes. A veces el ataque del menor infractor termina en una tragedia. El 11 de febrero pasado, el joven Nicolás García de 15 años, ingresó a su casa de la calle Gavilán, en el complejo habitacional Centenario de Villa Española, Montevideo. Iba a buscar su calzado deportivo para ir a jugar al fútbol con sus amigos. En la puerta lo esperaban un grupo de jóvenes que tras insultarlo lo apuñalaron.
"Se murió en mis brazos", dijo sin consuelo su madre, Raquel Mesa tras perder al mayor de sus hijos. "Nico llevaba una vida normal, era un amor", recordó.
Algunas versiones indicaron que tanto el heridor como la víctima habían tenido un altercado "típico de los jóvenes" en un local bailable el fin de semana anterior al episodio, aunque la familia de la víctima lo negó.
El homicida fue un menor de edad que tras intensos interrogatorios y reclamos en el barrio fue internado en un hogar del Inau.
La familia no quedó conforme: "No fue solo uno el responsable, hay varios identificados que andan sueltos por el barrio", señala.
Hablaron con el Ministro del Interior; juntaron 400 firmas reclamando justicia. Las "constantes amenazas" de los menores impunes y un altercado entre el padre de Nicolás con un conflictivo grupo de jóvenes de la zona llevaron a la familia a cambiarse de un barrio que les da miedo.
Otro caso tremendo aún resuena estos días: la muerte de Romina Severo en Paysandú, víctima de un arrebato que la hizo caer de su moto para que un ómnibus la arrollara en plena calle.
El arrebatador es otro "famoso": "El Maykol" que en pocos días cumple 18. Tiene 58 "anotaciones" policiales que desaparecerán de su historial. Hacía seis días que había culminado su participación en un programa de libertad asistida del Inau.
Romina tenía 27, era profesora de literatura y adscripta, estaba casada y tenía tres hijas, de 6 y 4 años y tres meses. El caso sigue provocando indignación en Paysandú y ha movilizado a cientos de ciudadanos.
Lorena, su hermana, quiere también penas más severas, pero sobretodo "que no se escapen". Dice que si no hay medidas de seguridad de nada valen las penas de reclusión.
"Además que los padres o responsables también las reciban, porque todo empieza ahí, de familias donde todos son iguales", arguye.
Cree que esta delincuencia nace en la droga y el alcohol que "los tiene enloquecidos" por conseguir dinero. "Llegan a eso por la familia, que ya es así y ellos siguen lo mismo, es un círculo", apunta. No cree en la Policía. "Los atrapa y los lleva a un Juzgado y es ahí donde los liberan nuevamente y el INAU tiene responsabilidad porque debería cuidar más las medidas de seguridad. Y los planes de rehabilitación que no sirven para nada", alega.
Estos crímenes no son nuevos. En 2005 la zona de San Javier en Río Negro se vio conmovida por el horrendo crimen de Alfredo Heit y Julio Morosini (ambos septuagenarios) que vivían en un establecimiento agropecuario de colonia Ofir. Sus autores fueron un mayor de edad y un menor de 16 años. Tiraron los cuerpos a un aljibe y los encontraron días después.
Víctor Hugo Heit, hijo de una de las víctimas, no responsabiliza ni a la policía, ni a INAU, sino a una "infinidad de factores". No cree que aumentar las penas sea "una solución definitiva". Cree que "el origen del mal, radica en el entorno familiar, la educación que recibe el individuo y el contexto en el que nace y se desarrolla un futuro delincuente".
"El Bico". Otro caso fatal fue el que sacudió a la familia Machado y al departamento de Rivera en 2007 fue cuando un menor -"El Bico"- provocó la muerte de Matilde Vargas de Machado. La infortunada mujer falleció por los momentos de terror vividos en un asalto a su vivienda.
"El Bico", de 16 años, tiene en jaque a los vecinos de los barrios La Estiba y Recreo y hace poco fue herido de bala por un vecino que perdió la paciencia con sus desmanes. Tiene centenares de "anotaciones". El juez interrogó a los padres y le dio "medidas sustitutivas" a la reclusión.
Miriam Machado, hija de Matilde, piensa que "ahora todos tienen miedo y puede ser se animen a reaccionar".
"La policía nada puede hacer, ya que los pone a disposición de la Justicia, y pocas horas después está otra vez en la calle molestando a los vecinos y poniendo su vida en riesgo", señaló.
Evoca que más de una vez vio a la madre de "El Bico" vistiendo ropas que pertenecieron a su madre, seguramente robadas aquel trágico día.
Los padres. Muchas víctimas cargan las tintas en la responsabilidad de los padres y cree que la Justicia debe caer también en ellos.
Nibia Laborite, una víctima de Durazno (ver nota en página A 6 ) cree que la violencia de los menores proviene de "ciertos ambientes, donde no hay normas de nada, el menor agarra un hábito de robar muchas veces fomentado por los padres, y va creciendo en ese ambiente propicio para delinquir".
Todo viene, piensa, "de la casa, de la manera que educan a sus hijos desde pequeños", aunque cree que la Justicia y las leyes deben cambiar.
Alejandro Larrosa un comerciante de Treinta y Tres que sufrió un robo que derivó en el procesamiento sin prisión de un mayor y "medidas sustitutivas" a sus cómplices menores, cree que todo se origina en la "pérdida de valores y la falta de límites de los menores".
"Los padres son responsables es en el medioambiente en el que se crían. La educación es la mejor herramienta", sostiene.
Para Hugo Poggio, que vive en Ciudad del Plata, y que sufrió un intento de copamiento de un grupo de jóvenes en su hogar "la delincuencia juvenil no se resuelve solamente con penas más severas y se debe atacar la causa". Señala que "si los hijos delinquen y se le entregan a los padres, la segunda vez, la responsabilidad debe ser de éstos".
En su zona hay menores que han sido entregados 34 veces a sus padres.
"Ahí el padre es tan o más responsable que el menor", razonó.
Poggio, que es ex edil del Partido Colorado tiene también su visión política del problema: "Durante los gobiernos blancos y colorados, la izquierda vivía en la ilusión de que no bien llegara al gobierno todo se iba a solucionar. Pero cuando llegaron y vieron la realidad, reconocieron que no era tan fácil arreglar las cosas. Así las esperanzas bajan. Por algo tenemos récord de deserción estudiantil y la falta de autoridad familiar es un síntoma claro de ese decaimiento de la sociedad".
Muchachos con tiempo libre
García: "Se resuelve con mayores penas"
Melo tuvo el año pasado una pesadilla que duró dos meses: quemaron varios vehículos, la mayoría viejos, de familias modestas que los empleaban para trabajar. Finalmente la policía detuvo a cinco menores responsables de 14 y 15 años y a un mayor, que fue el único que marchó a la cárcel y salió al poco tiempo.
Cuando tuvieron que explicar sus acciones al juez, los incendiarios seriales respondieron: "Por entretenimiento; una diversión".
A fines de 2009 dos camiones fueron incendiados y en lo que va de este año ya van 5 autos más. Se cree que son los mismos menores. Usan un cóctel molotov.
"Esto se resuelve con penas mucho más severas", dijo una de las víctimas, Michael García. "Por lo menos tienen que conservar los antecedentes para cuando cumplan la mayoría", reclamó.
Cree que esto pasa porque "todo está cambiado y comienza por la familia que ha perdido los valores".
Nibia: "El problema está en los padres"
Nibia Laborite es jubilada. Una vida de trabajo y crianza de hijos. Hace 18 años atiende su pequeño almacén en la esquina de Manuel Oribe y Latorre, en Durazno. El comercio ha sufrido varios atracos, la mayoría a manos de menores. Un sábado sufrió el copamiento de tres jóvenes. "A mi esposo uno lo agarró del cuello y otro lo amenazó con una tijera en la garganta. Un menor de edad quedó parado en la puerta observando hacia afuera", relató.
Nibia, como muchos, no está segura de la solución al problema. "El foco está en los padres, y que los menores cumplan algún tipo de medidas; tiene que haber algún lugar donde los puedan ayudar; no sólo a que les den de comer y de dormir, que hagan algo, que los instruyan, una quinta o algo, que produzcan", piensa. "Por acá andan cantidad de menores haciendo de las suyas. Que los padres se hagan responsables; no se puede meter al chiquilín preso, pero si el padre no responde, a la segunda vez, ir contra el padre", señala.
Chicos del barrio
Buglio: "Lo conocía desde chico, le daba plata por lavar el auto"
Carlos Buglio (83 años) es un comerciante del barrio Prado Español, de Florida. Un día sintió ruidos en la puerta a las 13.30. Afuera llovía. Antes de abrir , gritó. "¿Quién anda jodiendo?".
Un adolescente de 14 años, al que conocía del barrio se identificó.
"Cuando abrí la puerta tenía algo entre las manos y me dijo `entrá y callate`", recuerda. "Yo lo conocía desde chico, le daba dinero por lavar el auto y algo para ayudar a su hermana. Pensé que era una broma y le contesté que entrara", relató.
Cuando el hombre se dio vuelta, el joven y otro adolescente le tomaron por la espalda, le taparon la boca y lo amenazaron con una navaja.
"Grité auxilio y alguien de otro apartamento sintió", cuenta. "Luché hasta la cocina y alcancé una cuchilla, pero ahí me partieron la frente y me golpearon el ojo, y los volví a escuchar: callate o te mato", relata.
Los adolescentes se llevaron algunos cigarrillos y 10 mil pesos que Buglio había juntado para los estudios de su hija. Hoy uno de los menores está recluido en el INAU y el otro sigue en Florida; sigue viviendo en el barrio Prado Español. Buglio ahorró un poco más y puso rejas.
Alejandra: "Es la Justicia lo que falla y del INAU salen peor"
Alejandra es de Salto, madre de seis hijos. La menor tiene 6 meses. Ha tenido que soportar en los últimos 8 meses 4 robos en su casa. El último fue el jueves 26 de agosto pasado a manos del famoso "Pelé", de 17 años, con un cómplice. "Estaba con la nena más chica durmiendo; pasó por encima mío para robarme ropas; fue tremendo el momento vivido y la desesperación por proteger a la bebé para que no la lastimara porque es capaz de cualquier cosa", evoca. Al jueves siguiente "el Pelé" volvió. Se llevó un televisor, un DVD y una bicicleta. "No aguanté y salí detrás de él y me trence en el portón para evitar que se llevara las cosas, luchamos hasta que me volteó, me arrastró media cuadra, me lastimó las piernas, la espalda y se quedó con el botín", relató Alejandra.
"Por supuesto que la delincuencia se resuelve con penas severas. Los menores que delinquen muchas veces es porque sus padres se lo permiten", agregó.
A su juicio "es la Justicia lo que falla". Al INAU, entiende, "hay que exigirle que cumpla con los programas de rehabilitación porque no solo se le escapan los menores; salen peor que cuando entraron".
En las Piedras
"Una vez puede ser error, pero 200..."
Eduardo Romero es encargado de dos locales de venta de celulares, uno en la populosa avenida Dr. Pouey en Las Piedras; el otro, a una cuadra de la Seccional 4ª. Ambos comercios han sido reiteradas veces víctimas de rapiña. A los menores los atraparon, relató. "Los encerraron un mes y se escaparon", complementa. Es de los que se afilia que esto sucede "por carencia de valores", pero piensa que, aunque la Policía los agarre, el problema está "en los jueces y en el INAU".
"Las leyes dependen de las interpretaciones que les den los jueces. Si es un menor que delinque una vez, quizá pueda tomarse como un error. Pero si delinque 200 veces o reincide, es otra cosa", razona.