Ya nadie habla de la creación del ministerio de Gobierno, aquella extravagante idea que el Frente Amplio lanzó antes de que José Mujica asumiera la Presidencia y de la que tanto se hablara. Un ministerio que, según se anunciaba, iba a concentrar funciones ya existentes como la Oficina de Servicio Civil, la Secretaría de Comunicaciones de la Presidencia y la Agencia para el Desarrollo del Gobierno de Gestión Electrónica (Agesic), entre otras. Hasta llegó a decirse que en su órbita estaría el Fiscal de Corte y una repartición que agrupara a los departamentos jurídicos del Estado.
Aquel ministerio tenía un titular nominado, Eduardo Bonomi, quien hoy sigue como ministro del Interior en donde tiene suficiente trabajo como para pensar en dedicarse a otras tareas. Es que en el proyecto original se buscaba convertir a Bonomi en una suerte de primer ministro o de mano derecha del presidente, algo así como un coordinador de todos los asuntos de gobierno. A medio año de iniciado su mandato, Mujica y su entorno parecen haberse convencido de que no necesitan agregar nuevos ministerios a los ya existentes y que el actual organigrama del Poder Ejecutivo es el más adecuado.
Por otra parte, la creación del ministerio de Gobierno hubiera generado unas cuantas perplejidades de carácter jurídico así como posibles duplicaciones de actividades y, por supuesto, una vía adicional para mayores gastos. En efecto, una sede ministerial, nuevos equipos e instalaciones y más funcionarios hubieran gravado aún más el ya abultado presupuesto estatal. La realidad, tozuda como siempre, desvirtuó esa extraña iniciativa.
Al final, el ministerio de Gobierno quedó en la categoría de nonato. Mejor así.