El ejemplo de Antel

MARTÍN AGUIRRE REGULES

Mi debut en las urnas fue en 1992 con el plebiscito de las empresas públicas. En aquel momento, con 18 años y criado en una casa donde había mucho Jauretche y nada de Mises, voté contra la ley. Al ver lo que pasa hoy en Antel, me da por pensar que fue un error garrafal.

La historieta del asesor de comunicación, hijo y sobrino de figuras afines al gobierno, contratado violando las normas pese a su escasa formación para el cargo, es una parte mínima del problema. Pasó antes, y va a pasar después. Más agraviante me resultó lo de la Presidenta del ente, diciendo que no descartaba volverlo a contratar una vez superado el "escollo técnico" del Tribunal de Cuentas.

Me acuerdo de los escándalos en la administración anterior, donde una telenovela bizarra que incluyó acomodos, espionaje, denuncias policiales y otras perlas, terminó con la empresa descabezada. Y no quiero dejar pasar el tema del sindicato, siempre listo a defender los intereses superiores de la patria, pero que no dijo nada de esos temas de los que debía estar enterado. Muchos creen que Antel es "estratégica", para un proyecto de país. Pero el manejo que se hace de la misma contradice esa afirmación.

Por ejemplo, a la hora de designar a sus autoridades. Si usted tiene una empresa clave, debería elegir a las personas más capaces para manejarla. Personalmente se me ocurre que haría un llamado internacional para buscar el mejor ejecutivo disponible, alguien con mentalidad moderna y que haga a la empresa pujante y competitiva. También estaría dispuesto a entender que, si se quiere dar una visión "nacional" al asunto, se nombre a un político con proyección, para que demuestre que está capacitado para cosas grandes. Pero para ser sinceros, ¿quién de los últimos jerarcas del ente tiene curriculum para manejar una empresa que factura 700 millones de dólares al año?

Las consecuencias de estos problemas las pagamos todos. Por ejemplo, el servicio de conexión a internet es casi un monopolio de Antel. Hoy en día una conexión domiciliaria promedio es de 2 mega, y cuesta 1.268 pesos, unos 60 dólares. En Chile, la misma conexión cuesta la mitad, 30 dólares, mientras que en Argentina la conexión promedio es de 3 mega, y vale 23 dólares. Sólo por citar dos casos cercanos. Pero hay más. Técnicos que han medido la conexión que ofrece Antel, afirman que lo habitual es que sea la décima parte de la velocidad contratada. La respuesta habitual ante estas críticas es que hay que tomar en cuenta los aportes que hacen las empresas públicas a "rentas generales". ¿Qué importa eso comparado con la cantidad de empresas locales que dejan de ser competitivas por estos costos? Y ni hablar de las extranjeras que no se instalan aquí por lo mismo. ¿No es preferible que esos recursos se distribuyan entre un tejido empresarial competitivo, en vez de quedar en manos de algún burócrata que lo reparta entre quienes tengan mayor capacidad de presión gremial?

Escucho a los jerarcas de Antel anunciar por tercera vez en un año que van a duplicar la banda ancha, ¿no sería mejor que lo anuncien el día que lo hayan concretado?

Escucho a algunos políticos decir que Antel es de todos, ¿no habría entonces que tratarla un poco mejor?

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