Julia Rodríguez Larreta
El matrimonio gobernante parece haber revertido la tendencia declinante de su fortuna política después del mal desempeño del Frente para la Victoria, en las elecciones del año pasado. Hoy, las perspectivas de asegurar un tercer mandato, en los comicios del 2011 parecen posibles, inclusive probables, por una serie de razones.
La oposición, hasta ahora, ha dado pocas muestras de capacidad para imponer cambios, llevar adelante una campaña electoral exitosa y mucho menos, ser capaz de gobernar la Argentina, si triunfara en la contienda. Los que pretenderían ver un cambio en la Casa Rosada, ven a una oposición dividida que continúa fragmentándose.
En teoría, el Partido Radical ofrece una estructura política nacional de alternativa al Peronismo, pero carece de recursos y de candidatos atractivos que proyecten fuerza. Por ahora se vislumbran dos posibilidades. Cobos, actual vicepresidente, es un ex gobernador radical de Mendoza, quien ya abandonó su partido cuando se juntó con el FPV, al cual querría volver de protagonista. Su gran momento fue el de su voto "no positivo" en el Senado, -por más timorato que haya sonado en el recinto- a la propuesta oficialista sobre aumentos progresivos a las retenciones al agro. Pero el impacto ya pasó. Ha quedado bastante desdibujado.
Apareció Ricardo Alfonsín, hijo de Raúl, primer presidente constitucional luego de los gobiernos militares. Es llamativo como Néstor Kirchner le ha dado aliento. Su lema es dividir y por qué no, alentar a candidatos que luego serán fáciles de vencer en la contienda. A los votantes se les recordará, si no lo recuerdan ellos mismos, que ni Alfonsín ni tampoco De la Rua, ambos radicales, supieron terminar sus mandatos.
El Acuerdo Cívico Social (ACyS) viene de sufrir una ruptura terminal, con el alejamiento de Lilita Carrió, su fundadora y principal figura pública. La otra novedad es que Binner, actual gobernador de Santa Fe, se acaba de alinear con los Kirchner y podría convertirse en candidato a la vicepresidencia, arrastrando con él a elementos "progre", como Pino Solanas, en la capital.
Según Duhalde, que retiene poder dentro del Justicialismo disidente o Federal como algunos lo llaman, ganarle a cualquiera de los Kirchners y ejercer el poder, sólo lo podría lograr otro peronista. Lo descarta a Macri (PRO) como candidato presidencial, sugiriendo que puede sí sumar como "intendente de la Capital", por lo menos en esta vuelta. Al mismo tiempo, existe una feroz embestida legal, probablemente falaz, contra Macri, para inculparlo de la organización de escuchas telefónicas. Cuentan para ello con ciertos integrantes de la Justicia muy dispuestos a colaborar en este sentido. De Narváez, otro atractivo líder, ex empresario y actual diputado, por haber nacido en Colombia, sólo puede aspirar a ser gobernador de la provincia de Buenos Aires. Sería muy difícil saltar esa valla constitucional, que requeriría el apoyo de sus contendientes y opositores. ¿Quiénes quedan? El mismo Duhalde, si se baja de su rol de gran elector, aunque en las encuestas tiene un nivel de imagen negativa algo alta. En lo positivo, pocos dudan de que podría gobernar el país, de ser electo.
El otro que nunca desaparece es Reutemann, si bien siempre niega tener ambiciones presidenciales. Según las encuestas mantiene buena imagen entre la gente. Uno se pregunta: ¿por qué no se larga? ¿Teme que se divulgue algún episodio olvidado o cadáver enterrado, que podría descarrilar su campaña, o será que es muy sagaz y no quiere mostrar su mano y exponerse a los ataques que inevitablemente ocurrirían, esperando el momento propicio? La duda se mantiene y hay que tener en cuenta que ya Duhalde le ofreció la presidencia, antes que a Néstor Kirchner y no la aceptó. Entonces ¿le falta esa vocación? Quedan otros como Felipe Solá y el gobernador de San Luis pero les será difícil remontar el barrilete.
Los Kirchner ( uno u otro), tienen a su favor una importantes ventaja. Los países productores de materias primas han sido muy favorecidos en el actual contexto económico mundial. Según cifras oficiales, 9% es el crecimiento del PBI en 12 meses, pero con una inflación de 25 a 30%. Su política distributiva se ha basado en extraer del sector rural, unos 400.000 productores y sus familias, así como de los que les prestan servicios y a las empresas públicas privatizadas, el máximo posible, volcando esos recursos en subsidios y dádivas al resto de la población. A quienes les sacan, son muchos menos que la otra clientela. Si nos olvidamos de la nefasta consecuencia de esta redistribución de ingresos a sectores parasitarios y otros menos productivos, electoralmente la estrategia es brillante, aún cuando a largo plazo sea nefasta para el país. Finalmente, habría que reconocer la ambición, la energía y la dedicación total de los Kirchner, que no tiene parangón. Ello, mezclado con mucha caja y pocos escrúpulos en la implementación de sus planes, hace que luzca muy posible que los Kirchner se queden en el poder y no sólo para el próximo período electoral.