CLAUDIO FANTINI
Francois Mitterrand gobernó varios años sufriendo cáncer y murió tras cumplir su último mandato y pasar la presidencia a Jacques Chirac.
Dilma Russeff encabezó el gabinete de ministros de Lula padeciendo un cáncer al que pudo derrotar poco después de haber sido postulada a la presidencia. Dos entre muchos ejemplos que avalan a Fernando Lugo en su decisión de cumplir su mandato hasta que concluya en el 2013.
El primer problema del presidente de Paraguay son metástasis imposibles de extirpar en cirugías, por lo que deberá someterse a rigurosas quimioterapias que, si bien no jaquean su vida, podrían afectar su capacidad de gobernar.
El segundo problema es el que explica su decisión de terminar el mandato sea como fuere, porque renunciar implicaría ceder la presidencia a su más enconado adversario: el vicepresidente Federico Franco.
El enfrentamiento entre Lugo y Franco es la versión guaraní y agravada del que sostienen la presidenta argentina y su vicepresidente. La diferencia está en las razones que determinaron a las conflictivas duplas. La fórmula electoral que compartieron Cristina Kirchner y Julio Cobos respondió al fallido intento de transversalidad, estando claro que el caudal de votos que aportara el radical mendocino sumaba pero no era para nada determinante del triunfo oficialista.
En cambio la del obispo de San Pedro con el Partido Liberal Radical Auténtico (PLRA) fue una alianza basada totalmente en la mutua necesidad. Contando sólo con el apoyo de organizaciones sociales y pequeñas fuerzas de izquierda, Lugo no habría podido llegar a la presidencia. Fue la vasta estructura del PLRA y su aceitado aparato electoral lo que le abrió la entrada al despacho principal del Palacio de López. Sin esa fuerza, no habría superado a la oficialista Blanca Ovelar. Por eso Franco acusa a Lugo de traicionar la alianza que les permitió sacar del poder al Partido Colorado, al no darle al PLRA una participación gubernamental acorde con su aporte electoral.
Ahora bien, el PLRA también reconoce que, sin Lugo a la cabeza de la lista, los liberales habrían sido derrotados como les ocurrió frente a los colorados Juan Carlos Wasmosy, Raúl Cubas y Nicanor Duarte.
Hubo otros casos en la región que muestran los riesgos que implican las rupturas entre los presidentes y sus vices. En la Argentina, el choque entre Fernando De la Rúa y Carlos Álvarez inició el derrumbe del gobierno; mientras que en Ecuador, el distanciamiento entre Lucio Gutiérrez y Alfredo Palacio precipitó la renuncia del presidente.
Hasta aquí, Lugo y Franco pudieron poner la institucionalidad al resguardo de su turbulento divorcio político. Pero la sombra de una crisis mayor apareció con el diagnóstico sobre la enfermedad del presidente.