Un hito histórico de la ópera bufa

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ALEXANDER LALUZ

Han pasado 224 años y pocos meses del estreno de Las bodas de Fígaro, en Viena. Y mañana, el ingenio, humor, brillantez volcados en este título por Mozart y Da Ponte tendrán una nueva revisión en el cierre de la temporada de ópera del teatro Solís.

Será la segunda puesta en escena de este año a cargo del artista italiano Massimo Pezzutti (la anterior, también en el Solís, fue Lucia di Lammermoor, de Gaetano Donizetti), pero esta vez en sociedad con Federico García Vigil, que regresa al podio de la Orquesta Filarmónica de Montevideo.

El elenco para el estreno de mañana, conformado en su totalidad por voces uruguayas y argentinas, tendrá como figuras principales a la soprano Luz del Alba Rubio en el papel de Susana, Nahuel Di Pierro (Argentina) como Fígaro, Marcelo Guzzo en el rol del Conde de Almaviva y Sandra Silvera como su esposa, y Alicia Cecotti (Argentina) que cantará a Cherubino. El segundo elenco para estos personajes, que tendrán su debut el sábado, a la misma hora, estará integrado por Sandra Scorza, Marcelo Otegui, Luis Gaeta (Argentina), Josefina Costa y Mónica Sardi (Argentina).

El coro para esta ambiciosa puesta mozartiana será el Ensamble Vocal De Profundis, que dirige Cristina García Banegas. Y los solistas que completan el reparto son Laura Baranzano (Marcellina), Ariel Cazes (Bartolo), Gerardo Marandino (Basilio), Diego Reggio (Don Curzio), Daniel Romano (Antonio) y Marianne Cardoso (Barbarina).

Un paradigma. Sólo seis meses (sí, seis meses) le insumieron a Mozart completar la notable y extensa partitura de Las bodas de Fígaro. Un talento indiscutible que no resentía la presión del tiempo, los apuros, para construir un inteligente encadenamiento de los estados expresivos (profundidad introspectiva, dolor, amor, altivez, humor, ingenuidad) que cobran vida en cada uno de los personaje, en un diálogo fluido con el tejido orquestal.

El libreto del poeta Lorenzo da Ponte, fue, efectivamente, un buen material de partida. Su adaptación de la comedia La folle journée ou le mariage de Figaro, de Pierre Augustin Caron de Beaumarchais, fue el resultado de una sólida conjunción de humor, ingenio, pulso narrativo. Y al asociarse a la musicalidad mozartiana, el resultado terminó convirtiéndose en todo un paradigma del subgénero bufo de la ópera. La vigencia que mantiene hasta el presente en el vasto repertorio operístico, es la mejor prueba.

Sin embargo, y como suele ocurrir también hoy, sobre el estreno, el primero de mayo de 1786, en el teatro del Hofburg, en Viena, corrieron las más pintorescas versiones. Que fue un desastre, un rotundo fracaso. Que fue un éxito sin precedentes. Que los cantantes habían sido sobornados para hacer un mal desempeño. Que la crítica no acompañó con juicios favorables a la puesta. Que la partitura era muy exigente, tanto para la orquesta como para los cantantes (al menos para la época). Hoy, citaríamos como ejemplo, las inefables reacciones ante los estrenos, anónimas siempre, que pueden leerse en casi todos los foros de noticias en Internet.

Al final, un drama que sobrevuela en cualquier período histórico: un sinnúmero de implicancias extra artísticas que caen sobre el hecho artístico, para provocar -a veces borroneando, peligrosamente, los límites de lo racional, la ética-, el ataque iracundo, violento, o la admiración incondicional. Fenómeno que se explica, invariablemente, desde esa trama de contradicciones que sustenta toda práctica cultural, lo que no es necesariamente un valor negativo, sino el reflejo de la complejidad de toda construcción simbólica.

Y Las bodas de Mozart y Da Ponte, vuelve a ser, en este sentido, otro buen ejemplo. Al año siguiente del estreno en Viena, el propio Mozart fue a Praga para dirigir su ópera, donde obtuvo una generosa aprobación del público. El éxito fue tal que el compositor recibió un encargo de un teatro de la capital Bohemia para componer una nueva ópera, y, simultáneamente, Las bodas allanaban su camino al canon operístico.

Este cruce de recepciones (ya naturalizado, como se dijo) también tendrá su réplica o versión con esta puesta que dirigirán Pezzutti y García Vigil en el Solís. Por un lado, con el público tradicional del género, que suele respetar las pautas fijadas para sus rituales sociales (y castiga con vehemencia cualquier "alejamiento" que no esté "permitido"). Por otro, la frescura de otras formas de apreciación, quizás más alejadas de ciertos estereotipos, que llegarán con los públicos del Interior a través del programa Un pueblo al Solís, y que en esta oportunidad estarán representados por la gente de Tupambaé (Cerro Largo) y Colonia Lavalleja (Salto).

Italia y Uruguay al frente de la puesta

Esta puesta de Las bodas de Fígaro en el teatro Solís, tendrá como principales responsables al italiano Massimo Pezzutti, en la puesta en escena, y a Federico García Vigil en la dirección musical. Dos nombres que, por distintas vías, han estado estrechamente vinculados con este ciclo lírico ya tradicional en nuestro medio, y con la Filarmónica de Montevideo. García Vigil fue por varios años, el director artístico de la Filarmónica, y protagonista de una reestructura profunda de sus proyectos y forma de funcionamiento. Y bajo su batuta estuvieron varios de los títulos operísticos estrenados tras la reapertura del Solís. Pezzutti, por su parte, ha tenido a su cargo, por ejemplo, la sólida puesta de la exigente Lucia di Lammermoor, como primer título de esta temporada. Su trabajo recoge con probada soltura algunas de las nuevas tendencias en los montajes operísticos que priorizan el trabajo actoral sobre el "estatismo" tradicional de los cantantes.

Seis voces para Mozart

Susana

Rubio - Scorza

Dos sopranos uruguayas de importantes aunque disímiles trayectorias, encarnarán este papel fundamental en la trama de Las bodas de Fígaro. Luz del Alba Rubio y Sandra Scorza pondrán en escena sus probadas dotes vocales, y, también, su soltura en la escena.

Fígaro

Di Pierro - Otegui

Nahuel Di Pierro se integró a esta producción recientemente tras el alejamiento por razones de fuerza mayor del cantante chileno Lucas Debevec. Su aporte será fundamental para componer otro de los personajes clave, a la par del destacado cantante compatriota Marcelo Otegui.

Conde de Almaviva

Guzzo - Gaeta

Marcelo Guzzo y el argentino Luis Gaeta. Dos voces solventes que tendrán que abordar el difícil papel del aristócrata sevillano, el Conde de Almaviva. Un desafío para estos artistas que tienen importantes trayectorias en el medio operístico rioplatense.

Mozart por cinco funciones

"Las bodas de Fígaro" es, sin duda, el título que estaba faltando en esta todavía breve pero importante historia de las temporadas de ópera en el Solís. Antes del estreno de mañana, dos ensayos generales fueron disfrutados por los grupos que llegaron de Tupambaé, Cerro Largo (el martes 17) y Colonia Lavalleja, Salto (ayer). Se trata de una nueva etapa del programa pionero Un pueblo al Solís, que tiene como objetivo la creación de puentes culturales directos entre Montevideo y el Interior, y cuya programación se extenderá hasta fines de año.

Las funciones oficiales de la ópera serán mañana, el sábado 21, lunes 23, jueves 26 y viernes 27, a las 20 horas.

Los precios de las localidades van desde: $ 1.900 (platea, palcos bajos, tertulia baja fila 1), $ 1.600 (tertulia alta fila 1, tertulia baja fila 2, palcos tertulia baja), $ 1.100 (cazuela fila 1, tertulia alta fila 2, tertulia baja fila 3), hasta los más accesibles: $ 400 (paraíso fila 1, palcos tertulia alta fila 1, tertulia baja fila 4 taburete, palco cazuela fila 1) y $ 200 (tertulia alta fila 4 taburete, cazuela fila 2 y 3 taburete).

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