CLAUDIO FANTINI
Se reunieron en ese rincón del Caribe donde Bolívar agonizó entre toses sanguinolentas y fiebres que lo hacían delirar. Para las cámaras hubo abrazos, apretones de manos y sonrisas enfatizando el optimismo por los acuerdos alcanzados. Pero ese optimismo tiene un límite, ya que la postal de Santa Marta no es nueva. Una escena casi idéntica se registró hace ocho años, cuando un recién asumido Uribe recibía a Chávez para hablar de guerrillas y comercio. Otros abrazos con sonrisas y apretones de manos se repitieron posteriormente. Y todas las veces los acuerdos terminaron del mismo modo: con el colombiano acusando al venezolano y con éste acribillando de insultos a su archirrival en la región.
¿Por qué sería distinto esta vez? Al fin de cuentas, Chávez sigue ambicionando liderar la región, empezando por imponer su modelo en la ex Gran Colombia gobernada por Bolívar hasta 1830; mientras que Santos es tan partidario del capitalismo liberal como Uribe, además de que, como ministro de Defensa, impulsó la alianza militar con EE.UU. y fortaleció el aparato de guerra que acorraló a la insurgencia.
Por otra parte, las supuestas mediaciones de Lula logran menos de lo que aparentan. En definitiva, lo que ha conseguido el presidente de Brasil en cada pico de tensión es sólo bajar la fiebre, pero en modo alguno ha generado condiciones para curar la enfermedad que consume la relación colombo-venezolana, con espasmos convulsivos como los que acabaron con el Libertador de ambos países.
No fue una mediación externa lo que sentó a Santos y Chávez a acordar el relanzamiento de la relación bilateral. Fue principalmente la economía. Los dos presidentes, sin que nadie los empujara, quisieron este encuentro por cuestiones económicas. La caída del comercio bilateral agravó el desabastecimiento y la inflación en Venezuela, dos de los males que están debilitando al chavismo de cara a la próxima elección legislativa.
Como la balanza de ese flujo comercial es favorable a Colombia, la ruptura diplomática le restó grandes ingresos por exportaciones.
Santos cobró fuerza política como ministro de Defensa de Uribe, pero fue secretario de Comercio del liberal César Gaviria y ministro de Hacienda del conservador Andrés Pastrana, cargos desde los que impulsó los acuerdos de libre comercio que diversificaron las exportaciones del país. Ahora regresa al escenario económico desde el campo de batalla y se plantea, como meta de su gobierno, alcanzar el desarrollo. Para eso necesita reinsertar a Colombia en la región y alejar el fantasma de un conflicto con Venezuela y Ecuador.
Si logra ese nuevo clima, las inversiones se multiplicarán. Pero no pierde de vista que la debacle de las guerrillas fue una clave no menor del actual crecimiento económico. Ergo, si renacen y retoman la ofensiva, volverán a afectar el clima de inversiones.
Por eso, si las FARC y el ELN consiguen en Venezuela un espacio donde reorganizarse para reiniciar la guerra, los abrazos y sonrisas volverán a ser sólo una postal para el olvido.