Creemos firmemente que los docentes deben estar bien remunerados. Su función -o más bien su misión- en la sociedad, es la de capacitar a los jóvenes para hacerlos ciudadanos dignos, conscientes de sus responsabilidades, ricos en valores y con conocimientos suficientes para enfrentar los desafíos de nuestros tiempos.
Pero la experiencia de los últimos años demuestra que eso no es así; que en lugar de poner al estudiante como prioridad, sus luchas son por cuotas de poder en ancas de un corporativismo exacerbado y exigencias desmedidas (6% del PBI), sin una mínima contraprestación en la calidad de la educación. Y no es una afirmación caprichosa, sino que hay parámetros internacionales que lo dicen.
Su paro de tres días es la confirmación de lo dicho.