CARLOS REYES
Ayer en el Solís tuvo lugar el lanzamiento del espectáculo "Donka", que se presentará en ese escenario los primeros días de septiembre. El director teatral suizo Daniele Finzi Pasca y sus actores contaron a "El País" detalles de esta aventura.
Donka, una carta a Chéjov nació en un contexto significativo: el festival Chéjov, de Rusia, se la encargó a Finzi Pasca y a su compañía, Teatro Sunil de Lugano, grupo artístico que está muy vinculado al teatro uruguayo a través de varios artistas y montajes.
La idea era hacer un espectáculo para celebrar el 150 aniversario del nacimiento de Chéjov, y la obra tenía que estar pronta para el 29 de enero de este año, para que coincidiera con la fecha exacta del aniversario del dramaturgo. Luego de ese estreno el montaje siguió su curso, y en pocas semanas llegará a Uruguay, donde estará en escena el jueves 2 y viernes 3 de septiembre.
"Teníamos que hacer un montaje para festejar ese aniversario reflexionando, y pensé que sobre la obra de Chéjov ya se había trabajado mucho. También pensé en volver sobre las puestas de las obras de Chéjov, pero tampoco era por ahí. Entonces se nos ocurrió ir a sus detalles, trabajando a partir de sus notas, de sus diarios, de lo que quiso hacer y no hizo", afirma Finzi Pasca.
El autor y director (Lugano, 1964) afirma que Chéjov fue seguramente "un hombre con un gran sentido del humor, y una ética muy singular. Quería ser testigo de la vida. Era un optimista, que vivió casi 15 años con una enfermedad pulmonar, y se mantuvo con el espíritu en alto. Un hombre metódico, preciso, compulsivo a veces, que se enojaba cuando no lograba llegar con sus comedias donde quería. Les salieron con un esfuerzo enorme, porque era un perfeccionista."
"Donka" es el nombre ruso de una campanita que se ata al extremo de una caña de pescar y que, con su tintineo, avisa al pescador cuando un pez ha mordido. Chéjov fue un apasionado de la pesca, y el espectáculo busca desenvolverse como el pasatiempo de un viejo pescador, mezclando intuición, experiencia, fe y una cuota de buena suerte.
Entre los uruguayos que participan en este montaje está Facundo Ponce de León, quien trabajó en la asistencia de la escritura y de la dirección. "En la asistencia de la escritura, empezamos investigando qué pasó en Lugano en día que nació Chéjov, el 29 de enero de 1860. Descubrimos que ese día nacieron allí tres personas, y así empezamos a juntar pistas", explica.
El resultado, según cuenta Ponce de León, es "un espectáculo íntimo, dentro de teatro acrobático, una fusión del arte del circo dentro del teatro, buscando lo narrativo y quitando esa noción de circo como algo decadente. Por el contrario, acá se busca una acrobacia limpia, inmersa en una historia donde el pasaje de un número a otro están unidos argumentalmente. Pero no es un espectáculo a gran escala, es un espectáculo de teatro, de ocho artistas en escena".
"Esto es lo contrario del azar: acá se trata de pensar la realidad como una especie de búsqueda del tesoro. Buscar pistas, o hilos subterráneos que aten determinadas cosas entre sí. Creo que hay un hilo, que hay nexos entre cosas que aparentemente están inconexas. Pero ¿quién dice que están inconexas", remata Ponce de León.
El acróbata y su arte de querer tocar el cielo
Hugo Gargiulo es otro de los uruguayos que trabaja en el Sunil. "Nos gusta más hablar de acrobacia que de circo, que tiene connotaciones que nos desvían de lo que es Donka. El gesto acrobático viene de antes: se puede encontrar en ciertos rituales del teatro griego, porque el acróbata es una figura que conecta con los dioses, con las ganas de tocar el cielo, con cosas que un hombre común no puede hacer. En esa frontera, Daniele trabaja mucho con ese gesto acrobático".
"Vivimos en la Suiza italiana, que es la parte minoritaria de Suiza, tanto cultural como económicamente. Somos una especie de Sur: en ese Sur nos reconocemos. La compañía está muy llena de Sur, de México, de Uruguay, de Sudamérica", comenta Gargiulo.