Con la mira bien puesta en una sola meta

MATÍAS CASTRO

Caer parado no significa evitar el golpe. Quiere decir que se hace con elegancia, aparentando menos daño. Aparentar es fundamental en este proceso. Y para aparentar, la capacidad de adaptación y de acomodar el cuerpo es fundamental. Ricardo Fort, personaje rioplatense que en cuestión de un año consiguió meterse en la cultura popular y que ha estado en esta columna muchas veces, ha sabido manejar su carrera mediática y negocios con habilidad infrecuente en el panorama argentino. Al menos a lo largo de este año y meses que lleva como acaparador de cámaras se ha mantenido en base a llamar la atención, a pelearse, a exhibir y vender su vida y a decir que es artista. Y esto es lo más risible de todo, si se tiene en cuenta que se trata de alguien cuyo arte consiste en cantar algunos temas de Sandro e imitar sus gestos.

Luego de que se fue sorpresivamente de Showmatch, que hizo las paces con Tinelli en Miami y que volvió, parecía que no tenía nada más por delante. Sin embargo lo tiene. Su último conflicto surgió de una carta pública que liberó Leo Travaglio, bolichero bonaerense. Entre otras cosas, le decía: "Esta televisión de hoy te hace inimputable. Es verdad, tenés el don de hacer famoso todo lo que tocás, pero regalás una fama triste, sombría, sin sustancia. Porque la fama debería ser un reconocimiento y no un fin en sí mismo". Más allá de las valoraciones que se puedan hacer sobre el resto de la carta, en ese fragmento acertó en el punto al criticar la ambición de la fama. Ese es el objetivo, que, para mucha gente, viene acompañado de dinero. Nada más que eso.

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